Cerezas, fresas y un chichón

Évano

Libre, sin dioses.
"Acercaos un poco... os voy a contar un secreto. Todos creen saber qué pasó en la casa de la abuela de Caperucita, pero nadie sabe la verdad sobre lo que ocurrió con las fresas y las cerezas. La puerta estaba abierta y el lobo... el lobo ya estaba dentro. Pero no tengáis miedo, porque esta niña tiene un plan y unas piernas muy rápidas. Escuchad con atención, y cuando el peligro aceche, ayudadme con un suspiro que diga: 'ay ay ay'. ¿Os atrevéis a entrar en el bosque? ¡Vamos, entremos!


El lobo en la puerta,
la puerta está abierta.
Ya el lobo es la abuela,
ya abuela no hay
ay ay ay

La niña y su cesta
le traen a la abuela
cerezas y fresas,
pero abuela no hay
ay ay ay

¡Qué grandes orejas
tienes hoy, abuela!;
¡Qué grandes las muelas,
y cuántas ojeras!
ay ay ay

Me llevo las fresas,
cerezas y cesta;
tú no eres mi abuela.
Me vuelvo a la aldea
ay ay ay

El lobo que vuela.
Le tiro las fresas,
cerezas y cesta
y corren mis piernas
Ay ay ay

El lobo tropieza
con fresas y cesta.
Chichón y cabeza,
el lobo se queda,
me vuelvo a la aldea
comiendo cerezas
uy uy uy







Gracias por leer
y cantar.
 
Última edición:
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El lobo tropieza
con fresas y cesta.
Chichón y cabeza,
el lobo se queda

Évano, este momento del tropiezo me encanta por su humor tan visual y efectivo. Has logrado algo muy difícil: transformar el cuento clásico en una historia rimada que mantiene toda la tensión del original pero añade una frescura juguetona que invita a la participación.

La anáfora del estribillo "ay ay ay" funciona como un recurso teatral brillante, convirtiendo al lector en cómplice y coro de la historia. No es solo repetición; es invitación constante a formar parte de la aventura, creando esa atmósfera de cuento narrado en voz alta donde todos participamos del susto y la emoción.

Me divierte especialmente cómo manejas el ritmo acelerado en los versos finales:
me vuelvo a la aldea
uy uy uy
. Ese cambio de "ay ay ay" a "uy uy uy" marca perfectamente el alivio y la travesura de la escapada exitosa.

La propuesta interactiva del inicio, pidiendo que el lector forme parte con sus suspiros, convierte tu poema en algo más que literatura: es invitación al juego, al teatro doméstico, a revivir esa magia de cuando nos contaban cuentos y éramos parte de ellos.
 
"Acercaos un poco... os voy a contar un secreto. Todos creen saber qué pasó en la casa de la abuela de Caperucita, pero nadie sabe la verdad sobre lo que ocurrió con las fresas y las cerezas. La puerta estaba abierta y el lobo... el lobo ya estaba dentro. Pero no tengáis miedo, porque esta niña tiene un plan y unas piernas muy rápidas. Escuchad con atención, y cuando el peligro aceche, ayudadme con un suspiro que diga: 'ay ay ay'. ¿Os atrevéis a entrar en el bosque? ¡Vamos, entremos!


El lobo en la puerta,
la puerta está abierta.
Ya el lobo es la abuela,
ya abuela no hay
ay ay ay

La niña y su cesta
le traen a la abuela
cerezas y fresas,
pero abuela no hay
ay ay ay

¡Qué grandes orejas
tienes hoy, abuela!;
¡Qué grandes las muelas,
y cuántas ojeras!
ay ay ay

Me llevo las fresas,
cerezas y cesta;
tú no eres mi abuela.
Me vuelvo a la aldea
ay ay ay

El lobo que vuela.
Le tiro las fresas,
cerezas y cesta
y corren mis piernas
Ay ay ay

El lobo tropieza
con fresas y cesta.
Chichón y cabeza,
el lobo se queda,
me vuelvo a la aldea
comiendo cerezas
uy uy uy







Gracias por leer
y cantar.
Me ha gustado su versión alternativa y humorística del cuento clásico de Caperucita Roja.

Saludos
 
"Acercaos un poco... os voy a contar un secreto. Todos creen saber qué pasó en la casa de la abuela de Caperucita, pero nadie sabe la verdad sobre lo que ocurrió con las fresas y las cerezas. La puerta estaba abierta y el lobo... el lobo ya estaba dentro. Pero no tengáis miedo, porque esta niña tiene un plan y unas piernas muy rápidas. Escuchad con atención, y cuando el peligro aceche, ayudadme con un suspiro que diga: 'ay ay ay'. ¿Os atrevéis a entrar en el bosque? ¡Vamos, entremos!


El lobo en la puerta,
la puerta está abierta.
Ya el lobo es la abuela,
ya abuela no hay
ay ay ay

La niña y su cesta
le traen a la abuela
cerezas y fresas,
pero abuela no hay
ay ay ay

¡Qué grandes orejas
tienes hoy, abuela!;
¡Qué grandes las muelas,
y cuántas ojeras!
ay ay ay

Me llevo las fresas,
cerezas y cesta;
tú no eres mi abuela.
Me vuelvo a la aldea
ay ay ay

El lobo que vuela.
Le tiro las fresas,
cerezas y cesta
y corren mis piernas
Ay ay ay

El lobo tropieza
con fresas y cesta.
Chichón y cabeza,
el lobo se queda,
me vuelvo a la aldea
comiendo cerezas
uy uy uy







Gracias por leer
y cantar.
Así debe ser la poesía infantil, simple, musical e ingeniosa.
Alguna vez publiqué de este lado y es bueno cada tanto conectar con el niño interior que todos llevamos dentro.
Que tengas un sábado feliz.
 

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