dragon_ecu
Esporádico permanente
Escucha, chaval, sacate el palillo de la boca y atendé,
La vida ne es lo que te enseña la Facultad de Letras...
sí... esa de los mangantes.
La calle del otro lado del charco está más pringada que el suelo de una freiduría de barrio a las cuatro de la mañana.
Cuando me bajo al paso del taxi Rivas gritando: te la pago la próxima Rolando.
Y llegado el rato no se atino si hablo de donde vengo... o de donde estoy.
Mira ese cielo, qué asco, qué mala sombra,
que ha soltado el agua que ni el Canal de Isabel II.
Barro hasta las cejas,
coches apilados como latas de berberechos,
y los de arriba mirándose el ombligo, ¡vaya tropa!
Mientras el pueblo achica mierda con las manos,
porque aquí si no hay sobre... no se mueve ni el pulgar.
Luego el corte,
todo a oscuras, como mi cuenta del banco.
Que vas a encender la tele para ver el fútbol y ¡jeuputas!
El silencio estatal de tumba,
surgiendo de la nada velas y cerillas.
Mientras los trenes hacen breakdance enb las vías,
porque sí, por afición al baile o por deporte,
que vas a un lado y acabas en un terraplén del lado contrario,
con la estatal dando tumbos como un borracho a la salida del lupanar.
¡Ah... pero las cartas! ¡Ay, las cartitas de amor y de odio!
Folios que van y vienen, amenazas con matasellos,
señores con corbata llorando por las esquinas del Congreso,
que si me han dicho, que si me han puesto,
¡pero limpien el barro de las botas primero, so vagos!,
que aquí lo único que vuela son los puñales y las facturas sin IVA.
Y para rematar la faena...
el bicho ese del janta o como se escriba,
ratas correteando por los pasillos del poder,
literal y figurado,
que ya no sabemos si ponernos la mascarilla o el chaleco antibalas.
Estamos en un Seat Panda sin frenos
bajando por Despeñaperros,
un país de picaresca,
de "ponme otra caña y ya veremos",
donde el honor se empeña en el Monte de Piedad por un plato de lentejas.
¡Qué país, Dios mío, qué país!
Si no fuera porque hay sol y las raciones son generosas,
sería para coger el primer vuelo a la playa y no volver.
Pero aquí seguimos, en el fango,
porque somos nacionales... ¡y a mucha honra, allahu akbar!
La vida ne es lo que te enseña la Facultad de Letras...
sí... esa de los mangantes.
La calle del otro lado del charco está más pringada que el suelo de una freiduría de barrio a las cuatro de la mañana.
Cuando me bajo al paso del taxi Rivas gritando: te la pago la próxima Rolando.
Y llegado el rato no se atino si hablo de donde vengo... o de donde estoy.
Mira ese cielo, qué asco, qué mala sombra,
que ha soltado el agua que ni el Canal de Isabel II.
Barro hasta las cejas,
coches apilados como latas de berberechos,
y los de arriba mirándose el ombligo, ¡vaya tropa!
Mientras el pueblo achica mierda con las manos,
porque aquí si no hay sobre... no se mueve ni el pulgar.
Luego el corte,
todo a oscuras, como mi cuenta del banco.
Que vas a encender la tele para ver el fútbol y ¡jeuputas!
El silencio estatal de tumba,
surgiendo de la nada velas y cerillas.
Mientras los trenes hacen breakdance enb las vías,
porque sí, por afición al baile o por deporte,
que vas a un lado y acabas en un terraplén del lado contrario,
con la estatal dando tumbos como un borracho a la salida del lupanar.
¡Ah... pero las cartas! ¡Ay, las cartitas de amor y de odio!
Folios que van y vienen, amenazas con matasellos,
señores con corbata llorando por las esquinas del Congreso,
que si me han dicho, que si me han puesto,
¡pero limpien el barro de las botas primero, so vagos!,
que aquí lo único que vuela son los puñales y las facturas sin IVA.
Y para rematar la faena...
el bicho ese del janta o como se escriba,
ratas correteando por los pasillos del poder,
literal y figurado,
que ya no sabemos si ponernos la mascarilla o el chaleco antibalas.
Estamos en un Seat Panda sin frenos
bajando por Despeñaperros,
un país de picaresca,
de "ponme otra caña y ya veremos",
donde el honor se empeña en el Monte de Piedad por un plato de lentejas.
¡Qué país, Dios mío, qué país!
Si no fuera porque hay sol y las raciones son generosas,
sería para coger el primer vuelo a la playa y no volver.
Pero aquí seguimos, en el fango,
porque somos nacionales... ¡y a mucha honra, allahu akbar!
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