Antes de que lleguen los devoradores de paisajes

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
Paisaje soy de todos los caminantes que ansían
las primeras flores y buscan soles y lunas;
mas no de aquel de mirada bucanera
cuya intención es prenderme
para hacer de mi belleza despojo
convertido en insidioso e inicuo oro.

Soy paisaje de todos, aunque a nadie
pertenezco, y como una fulgurante constelación
me muestro al caminante, pero jamás
como nube atrapada o lugar de barbarie
tan del gusto de mis devoradores.

Se sirve el caminante con los ojos
como ventanas sin secretos del sortilegio
de la noche que me cubre dibujando
estrellas fugaces con su blanca pluma
para el anhelo, el sueño alegre y la promesa.

Nada oculta a los ojos del caminante
que el versátil río que me atraviesa, acompañado
por la verde cohorte reflejada en sus aguas,
evidencia en su ahora despaciosa travesía
como fruta madura su amor por el mar.

Me circundan montañas que hablan
la lengua ancestral del eco y el caminante
percibe que, unas veces, es semejante
a la voz humana y, otras, al ulular del viento
que aúlla como un lobo o gruñe como un oso.

Finalmente, al adentrarse en el bosque
que me habita, el caminante se cruza con su mirada
y lo acompaña en su danza siguiendo el ritmo marcado
por el tropel festivo de pájaros que vuelven del trabajo.
Luego, escucha con fervor su silencio.

Caminante, que formas parte de mi silueta
y eres presencia indispensable y amiga
de sendas, sonidos y huellas, retrata
con tus notas musicales mi latido y mi historia
grabada en la memoria de los árboles
antes de que lleguen los devoradores de paisajes.
 
Con la primera estrofa me haces pensar en los constructores que toman la tierra como base para edificar y ganarse grandes beneficios,
Ese caminante debe guardar en su memoria la belleza del paisaje antes de ser destruido. Buen poema.


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Paisaje soy de todos los caminantes que ansían
las primeras flores y buscan soles y lunas;
mas no de aquel de mirada bucanera
cuya intención es prenderme
para hacer de mi belleza despojo
convertido en insidioso e inicuo oro.

Soy paisaje de todos, aunque a nadie
pertenezco, y como una fulgurante constelación
me muestro al caminante, pero jamás
como nube atrapada o lugar de barbarie
tan del gusto de mis devoradores.

Se sirve el caminante con los ojos
como ventanas sin secretos del sortilegio
de la noche que me cubre dibujando
estrellas fugaces con su blanca pluma
para el anhelo, el sueño alegre y la promesa.

Nada oculta a los ojos del caminante
que el versátil río que me atraviesa, acompañado
por la verde cohorte reflejada en sus aguas,
evidencia en su ahora despaciosa travesía
como fruta madura su amor por el mar.

Me circundan montañas que hablan
la lengua ancestral del eco y el caminante
percibe que, unas veces, es semejante
a la voz humana y, otras, al ulular del viento
que aúlla como un lobo o gruñe como un oso.

Finalmente, al adentrarse en el bosque
que me habita, el caminante se cruza con su mirada
y lo acompaña en su danza siguiendo el ritmo marcado
por el tropel festivo de pájaros que vuelven del trabajo.
Luego, escucha con fervor su silencio.

Caminante, que formas parte de mi silueta
y eres presencia indispensable y amiga
de sendas, sonidos y huellas, retrata
con tus notas musicales mi latido y mi historia
grabada en la memoria de los árboles
antes de que lleguen los devoradores de paisajes.
El paisaje se ofrece a todos los que lo admiran sinceramente, pero rechaza a quienes buscan explotarlo para su propio beneficio.

Saludos
 

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