No llegaste haciendo ruido.
Ni con promesas grandes.
Ni con discursos de esos que parecen sacados de una mala película.
Llegaste cansada,
con las manos llenas de cicatrices invisibles
y aun así
Me miraste como si todavía quedara algo bonito en el mundo.
Y yo,
que ya no creía en milagros pequeños,
terminé creyendo en ti.
Porque eras rara.
De esas personas que abrazan despacio
para no romperte más.
De las que preguntan si comiste,
si dormiste,
si sobreviviste al día.
Un unicornio, supongo.
No por perfecta.
Las personas perfectas aburren.
Tú eras un desastre precioso:
reías cuando no debías,
te ibas cuando tenías miedo
y volvías cuando el corazón te ganaba la pelea.
Y joder…
qué bonita forma de volver.
A veces pienso
que coincidimos demasiado tarde.
O demasiado rotos.
Pero luego recuerdo
que hay personas que llegan justo cuando uno está dejando de sentir
y te obligan a abrir la ventana del alma
aunque entre tormenta.
Tú hiciste eso.
Convertiste mis silencios en refugio,
mis noches en algo menos frío
y mis ganas de rendirme
en ganas de esperarte cinco minutos más.
No sé cuánto duren los unicornios.
Tal vez no nacieron para quedarse.
Tal vez solo aparecen
para salvarte un pedazo del corazón
y después seguir corriendo libres por la vida de alguien más.
Pero si un día desapareces,
quiero que recuerdes esto:
Hubo alguien
que volvió a creer en la ternura
solo porque existías tú.
Ni con promesas grandes.
Ni con discursos de esos que parecen sacados de una mala película.
Llegaste cansada,
con las manos llenas de cicatrices invisibles
y aun así
Me miraste como si todavía quedara algo bonito en el mundo.
Y yo,
que ya no creía en milagros pequeños,
terminé creyendo en ti.
Porque eras rara.
De esas personas que abrazan despacio
para no romperte más.
De las que preguntan si comiste,
si dormiste,
si sobreviviste al día.
Un unicornio, supongo.
No por perfecta.
Las personas perfectas aburren.
Tú eras un desastre precioso:
reías cuando no debías,
te ibas cuando tenías miedo
y volvías cuando el corazón te ganaba la pelea.
Y joder…
qué bonita forma de volver.
A veces pienso
que coincidimos demasiado tarde.
O demasiado rotos.
Pero luego recuerdo
que hay personas que llegan justo cuando uno está dejando de sentir
y te obligan a abrir la ventana del alma
aunque entre tormenta.
Tú hiciste eso.
Convertiste mis silencios en refugio,
mis noches en algo menos frío
y mis ganas de rendirme
en ganas de esperarte cinco minutos más.
No sé cuánto duren los unicornios.
Tal vez no nacieron para quedarse.
Tal vez solo aparecen
para salvarte un pedazo del corazón
y después seguir corriendo libres por la vida de alguien más.
Pero si un día desapareces,
quiero que recuerdes esto:
Hubo alguien
que volvió a creer en la ternura
solo porque existías tú.