aoz
Poeta recién llegado
Mi Luz
I
Aunque nunca supiste mi nombre
te protegí.
No me atreví a darte palabra.
Alta como árbol y similar;
tu mirada de dos lunas,
ojos inmóviles sin cauces,
sólo sereno.
Gravitabas por el pasillo,
rígida de cuerpo con tu
muerto negro pelo.
Se sentía el trueno.
No podía ayudarte,
era muy severo
el abismo en que mirabas.
Se sentía el trueno de lo ocurrido
como hada
que le cortan las alas.
Te observe.
II
Me alejé, hasta que llego él.
Él, el de la locura animal,
el que desafiaba con temor a los demás,
el que alababa lo oscuro.
Otro de blanco, pero con malicia
crudo de conciencia.
Él jugaba con tu cabello
mientras mirabas estática al horizonte
de una pared.
Te caminó a tu cuarto
con su mano enredada en tu tela,
y abriste la puerta…
Él vio mi mirada,
la que nunca eh presenciado,
y sintió el horror.
Vio la cruda guerra y tuve de él
control.
Brinco como ladrón
con pura maldad contra mi luz
y sus labios temblaron.
Me convertí en tu guardián,
mi razón de estar terminó:
eras mi misión.
Y ni cuenta te diste.
III
Tres días de vigilia alejándolo de ti
y se escabullía cuando me acercaba.
¡No entendía como no veían esto!
Estaban acostumbrados a la locura…
Al día de mi salida se lo conté a la enfermera,
y como otra divina coincidencia
lo vio a él en el marco de la puerta
jugando con su tela.
Me fui del lugar con todos en alerta.
IV
Meses después fuiste mi luz.
Armadura contra las voces
que buscaban pecados,
y vieron la proeza:
te encontraron a ti en memoria,
mi luz.
I
Aunque nunca supiste mi nombre
te protegí.
No me atreví a darte palabra.
Alta como árbol y similar;
tu mirada de dos lunas,
ojos inmóviles sin cauces,
sólo sereno.
Gravitabas por el pasillo,
rígida de cuerpo con tu
muerto negro pelo.
Se sentía el trueno.
No podía ayudarte,
era muy severo
el abismo en que mirabas.
Se sentía el trueno de lo ocurrido
como hada
que le cortan las alas.
Te observe.
II
Me alejé, hasta que llego él.
Él, el de la locura animal,
el que desafiaba con temor a los demás,
el que alababa lo oscuro.
Otro de blanco, pero con malicia
crudo de conciencia.
Él jugaba con tu cabello
mientras mirabas estática al horizonte
de una pared.
Te caminó a tu cuarto
con su mano enredada en tu tela,
y abriste la puerta…
Él vio mi mirada,
la que nunca eh presenciado,
y sintió el horror.
Vio la cruda guerra y tuve de él
control.
Brinco como ladrón
con pura maldad contra mi luz
y sus labios temblaron.
Me convertí en tu guardián,
mi razón de estar terminó:
eras mi misión.
Y ni cuenta te diste.
III
Tres días de vigilia alejándolo de ti
y se escabullía cuando me acercaba.
¡No entendía como no veían esto!
Estaban acostumbrados a la locura…
Al día de mi salida se lo conté a la enfermera,
y como otra divina coincidencia
lo vio a él en el marco de la puerta
jugando con su tela.
Me fui del lugar con todos en alerta.
IV
Meses después fuiste mi luz.
Armadura contra las voces
que buscaban pecados,
y vieron la proeza:
te encontraron a ti en memoria,
mi luz.