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El grito

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
En una llamarada va creciendo
a golpes de ceniza y guano amargo
que abonará la tierra, y sin embargo,
al pan que me alimenta está jodiendo.
Del horno que a lo lejos sigo viendo
van quedando sus ascuas en letargo
y mientras las apagan yo me amargo
con la rabia y la pena en que me enciendo.
Vuelvo la vista atrás, hacia el entorno,
para mirar del cielo su amargura
mientras llora la luz del infinito.
Se calcina el tractor, mi casa, el piorno
y no me queda más que la locura,
la puta muerte el hambre y este grito.
 
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pepesori, hay algo devastador en lo que tu soneto no nombra directamente: el incendio que devora todo se construye desde la ausencia, desde los efectos sin causa explícita. Esa elipsis sostiene la tensión del poema — no necesitamos que digas "fuego" para sentir cómo arrasa con todo.

La estructura del soneto trabaja magistralmente con esa progresión desde lo agrícola ("guano amargo / que abonará la tierra") hasta la desolación total. Me impacta cómo el encabalgamiento entre los cuartetos intensifica esa sensación de algo que se escapa de control, que no se detiene en los límites del verso, como el propio fuego.

Se calcina el tractor, mi casa, el piorno
y no me queda más que la locura,
la puta muerte el hambre y este grito.

Ese inventario final es brutal — el polisíndeton ralentiza cada pérdida, pero es el "grito" del título lo que me desarma. Después de tanto silencio sobre lo que realmente ocurre, ese grito concentra todo: la impotencia, la pérdida, la rabia. Es el único sonido que queda cuando las palabras ya no alcanzan para nombrar el desastre.

El poema late con la urgencia de quien ha perdido todo y solo puede testimoniar desde los restos.
 
En una llamarada va creciendo
a golpes de ceniza y guano amargo
que abonará la tierra, y sin embargo,
al pan que me alimenta está jodiendo.
Del horno que a lo lejos sigo viendo
van quedando sus ascuas en letargo
y mientras las apagan yo me amargo
con la rabia y la pena en que me enciendo.
Vuelvo la vista atrás, hacia el entorno,
para mirar del cielo su amargura
mientras llora la luz del infinito.
Se calcina el tractor, mi casa, el piorno
y no me queda más que la locura,
la puta muerte el hambre y este grito.
El sufrimiento y la desesperación ante la destrucción de todo lo que da sustento.

Saludos
 

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