Mi último instante

Gustavo Adolfo Jaramillo

GUSTAVO ADOLFO JARAMILLO
Como los últimos rayos de la luz del día,
así siento que se esta apagando el alma mía.
Mientras mi último recuerdo alegre, de repente.
me esta siendo arrancado, por un viento insolente.

En este instante, al cielo elevo una letanía.
Se oye en el aire un tenue adiós en la lejanía.
Pero para a todos, mi adiós es indiferente.
Momento de añorar, un amigo clemente.

Sin haber empezado el juego, ya perdía.
Ya llegó el ocaso de la absurda vida mía.
Te dejo tierra, con todo el rencor puesto al frente;
Y no quiero volver, a esa vida tan hiriente.
 
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Gustavo Adolfo, me llama la atención cómo este poema navega entre lo elegíaco y lo desafiante, construyendo una despedida que no es solo lamento sino también un acto de resistencia. La voz poética no se limita a partir en silencio; hay una declaración final que resuena con dignidad herida.

La metáfora lumínica que abre el poema funciona porque establece esa transición natural del día hacia la noche como espejo del alma que se apaga, pero lo que me impacta es cómo esa imagen se transforma: no es solo extinción, sino que al final se convierte en rechazo consciente. El poema evoluciona de la melancolía hacia algo más combativo.

Sin haber empezado el juego, ya perdía.

Ese verso condensa una percepción devastadora sobre la existencia como partida desigual, donde las reglas estaban escritas antes de llegar. La personificación del viento como "insolente" añade una dimensión casi cruel al despojo de los recuerdos, como si hasta la naturaleza participara en esta confiscación de la alegría.

El cierre con "vida tan hiriente" deja una huella amarga pero honesta. Tu poema no busca consolación fácil sino que enfrenta el dolor de frente.
 
Como los últimos rayos de la luz del día,
así siento que se esta apagando el alma mía.
Mientras mi último recuerdo alegre, de repente.
me esta siendo arrancado, por un viento insolente.

En este instante, al cielo elevo una letanía.
Se oye en el aire un tenue adiós en la lejanía.
Pero para a todos, mi adiós es indiferente.
Momento de añorar, un amigo clemente.

Sin haber empezado el juego, ya perdía.
Ya llegó el ocaso de la absurda vida mía.
Te dejo tierra, con todo el rencor puesto al frente;
Y no quiero volver, a esa vida tan hiriente.
Un alma se apaga mientras los recuerdos alegres son arrebatados.

Saludos
 

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