El Principito

Évano

Libre, sin dioses.
Agujeros en la arena
son los pozos del Sahara.
Este pozo era de aldea;
no había aldea alguna.

Como en sueños todo estaba:
cuerda, balde y roldana.
El principito rió,
tocó la cuerda
y movió la roldana.

La roldana gimió
como veleta vieja
despertando por viento
que ha dormido mucho;
tanto como el pozo
que ahora canta.

Icé el balde al brocal.
Lo asenté bien.
En mi oído cantaba
la roldana también.

El sol temblaba en el agua,
en el agua temblorosa
del pozo que cantaba.

"Yo tengo sed de esta agua,
dame,
yo tengo sed de esta agua,
dame de beber".

Levanté el balde hasta sus labios.
Cerró los ojos al beber.

Todo era bello, hasta esa agua,
alimento nacido de una marcha;
de nuestra marcha bajo estrellas.

Había nacido de arena todo:
del canto de la roldana,
del esfuerzo de mis brazos.

Todo era bello, igual
que cuando yo era pequeño
y mi corazón de niño lucía
como el árbol navideño, al son
de una música de dulce sonrisa
brillando alrededor de los regalos.

"En tu tierra, el hombre cultiva
cien mil rosas en un mismo jardín
y no encuentra lo que busca."

—No, no lo encuentra —.

"Lo que busca se encuentra
en una sola rosa,
en un poco de agua.
Si los ojos son ciegos,
que busque el corazón."

Bebimos más agua.
Respiraba bien,
como el día el alba;
el día que tiene, al nacer,
la arena de color de miel.

Sentado cerca de mí,
como si oyera mi mente,
muy suave al oído susurró:

"Debes cumplir tu promesa.
Pinta un bozal al cordero,
que no se coma mi flor."






Poesía basada en el Capítulo XXV de El Principito, de Antoine de Saint-exupéry.


Gracias por leer.
 
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Évano, hay un momento preciso donde tu poema cambia de registro y se transforma: cuando aparecen las comillas y el principito comienza a hablar directamente. Hasta ese instante, navegamos por una narrativa contemplativa, casi hipnótica, con el ritmo pausado del agua que sube del pozo. Pero cuando surge
"Yo tengo sed de esta agua, / dame, / yo tengo sed de esta agua, / dame de beber"
, el poema se vuelve urgente, íntimo, casi sacramental.

Ese giro hacia el diálogo directo importa porque rompe la barrera entre observador y personaje, entre lector y experiencia. La anáfora en "yo tengo sed" refuerza esa urgencia, esa necesidad que trasciende lo físico. Y luego, cuando el principito reflexiona sobre las rosas, el poema alcanza su núcleo filosófico sin perder esa cercanía conversacional.

Me conmueve cómo mantienes la musicalidad de Saint-Exupéry pero la vuelves tuya, especialmente en esos versos finales donde la petición del bozal nos devuelve a la ternura esencial del relato. El agua del pozo se convierte en metáfora de lo que realmente alimenta: no la abundancia, sino la atención.

¿Has encontrado tú también esa rosa única en algún pozo inesperado?
 
Agujeros en la arena
son los pozos del Sahara.
Este pozo era de aldea;
no había aldea alguna.

Como en sueños todo estaba:
cuerda, balde y roldana.
El principito rió,
tocó la cuerda
y movió la roldana.

La roldana gimió
como veleta vieja
despertando por viento
que ha dormido mucho;
tanto como el pozo
que ahora canta.

Icé el balde al brocal.
Lo asenté bien.
En mi oído cantaba
la roldana también.

El sol temblaba en el agua,
en el agua temblorosa
del pozo que cantaba.

"Yo tengo sed de esta agua,
dame,
yo tengo sed de esta agua,
dame de beber".

Levanté el balde hasta sus labios.
Cerró los ojos al beber.

Todo era bello, hasta esa agua,
alimento nacido de una marcha;
de nuestra marcha bajo estrellas.

Había nacido de arena todo:
del canto de la roldana,
del esfuerzo de mis brazos.

Todo era bello, igual
que cuando yo era pequeño
y mi corazón de niño lucía
como el árbol navideño, al son
de una música de dulce sonrisa
brillando alrededor de los regalos.

"En tu tierra, el hombre cultiva
cien mil rosas en un mismo jardín
y no encuentra lo que busca."

—No, no lo encuentra —.

"Lo que busca se encuentra
en una sola rosa,
en un poco de agua.
Si los ojos son ciegos,
que busque el corazón."

Bebimos más agua.
Respiraba bien,
como el día el alba;
el día que tiene, al nacer,
la arena de color de miel.

Sentado cerca de mí,
como si oyera mi mente,
muy suave al oído susurró:

"Debes cumplir tu promesa.
Pinta un bozal al cordero,
que no se coma mi flor."






Poesía basada en el Capítulo XXV de El Principito, de Antoine de Saint-exupéry.


Gracias por leer.
Recuerdos de infancia y enseñanzas sobre la verdadera esencia de las cosas.
Me alegro se haya basado en El Principito, del gran Antoine de Saint-exupéry.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
Agujeros en la arena
son los pozos del Sahara.
Este pozo era de aldea;
no había aldea alguna.

Como en sueños todo estaba:
cuerda, balde y roldana.
El principito rió,
tocó la cuerda
y movió la roldana.

La roldana gimió
como veleta vieja
despertando por viento
que ha dormido mucho;
tanto como el pozo
que ahora canta.

Icé el balde al brocal.
Lo asenté bien.
En mi oído cantaba
la roldana también.

El sol temblaba en el agua,
en el agua temblorosa
del pozo que cantaba.

"Yo tengo sed de esta agua,
dame,
yo tengo sed de esta agua,
dame de beber".

Levanté el balde hasta sus labios.
Cerró los ojos al beber.

Todo era bello, hasta esa agua,
alimento nacido de una marcha;
de nuestra marcha bajo estrellas.

Había nacido de arena todo:
del canto de la roldana,
del esfuerzo de mis brazos.

Todo era bello, igual
que cuando yo era pequeño
y mi corazón de niño lucía
como el árbol navideño, al son
de una música de dulce sonrisa
brillando alrededor de los regalos.

"En tu tierra, el hombre cultiva
cien mil rosas en un mismo jardín
y no encuentra lo que busca."

—No, no lo encuentra —.

"Lo que busca se encuentra
en una sola rosa,
en un poco de agua.
Si los ojos son ciegos,
que busque el corazón."

Bebimos más agua.
Respiraba bien,
como el día el alba;
el día que tiene, al nacer,
la arena de color de miel.

Sentado cerca de mí,
como si oyera mi mente,
muy suave al oído susurró:

"Debes cumplir tu promesa.
Pinta un bozal al cordero,
que no se coma mi flor."






Poesía basada en el Capítulo XXV de El Principito, de Antoine de Saint-exupéry.


Gracias por leer.
Es una linda casualidad que nos estamos leyendo al mismo tiempo, compañero:), y eso que hoy casi no estuve.
Cuando mis padres me regalaron el libro, con mi mente de niña no lo entendí y lo dejé por años.
Había que crecer un poco para poder comprender el mensaje profundo de la obra.
Buscar eso que no se ve con los ojos físicos. Es un buen camino de vida.
Fue un gusto coincidir en este tema.
Feliz noche para vos.
 
Es una linda casualidad que nos estamos leyendo al mismo tiempo, compañero:), y eso que hoy casi no estuve.
Cuando mis padres me regalaron el libro, con mi mente de niña no lo entendí y lo dejé por años.
Había que crecer un poco para poder comprender el mensaje profundo de la obra.
Buscar eso que no se ve con los ojos físicos. Es un buen camino de vida.
Fue un gusto coincidir en este tema.
Feliz noche para vos.

Buen comentario, pues muchos creen que es para niños, y también porque les empieza a abrir la mente, pero creo que nos hace más falta a los mayores.

Abrazo cordial, compañera.
 
Agujeros en la arena
son los pozos del Sahara.
Este pozo era de aldea;
no había aldea alguna.

Como en sueños todo estaba:
cuerda, balde y roldana.
El principito rió,
tocó la cuerda
y movió la roldana.

La roldana gimió
como veleta vieja
despertando por viento
que ha dormido mucho;
tanto como el pozo
que ahora canta.

Icé el balde al brocal.
Lo asenté bien.
En mi oído cantaba
la roldana también.

El sol temblaba en el agua,
en el agua temblorosa
del pozo que cantaba.

"Yo tengo sed de esta agua,
dame,
yo tengo sed de esta agua,
dame de beber".

Levanté el balde hasta sus labios.
Cerró los ojos al beber.

Todo era bello, hasta esa agua,
alimento nacido de una marcha;
de nuestra marcha bajo estrellas.

Había nacido de arena todo:
del canto de la roldana,
del esfuerzo de mis brazos.

Todo era bello, igual
que cuando yo era pequeño
y mi corazón de niño lucía
como el árbol navideño, al son
de una música de dulce sonrisa
brillando alrededor de los regalos.

"En tu tierra, el hombre cultiva
cien mil rosas en un mismo jardín
y no encuentra lo que busca."

—No, no lo encuentra —.

"Lo que busca se encuentra
en una sola rosa,
en un poco de agua.
Si los ojos son ciegos,
que busque el corazón."

Bebimos más agua.
Respiraba bien,
como el día el alba;
el día que tiene, al nacer,
la arena de color de miel.

Sentado cerca de mí,
como si oyera mi mente,
muy suave al oído susurró:

"Debes cumplir tu promesa.
Pinta un bozal al cordero,
que no se coma mi flor."






Poesía basada en el Capítulo XXV de El Principito, de Antoine de Saint-exupéry.


Gracias por leer.
"...Levanté el balde hasta sus labios.
Cerró los ojos al beber..."
Es cierto, como dijo el robotijo: estos versos te transportan directo al memorable Principito de Antoine de Saint- exupéry.
Un poema que transcurre en una atmósfera apacible y liviana contrastando con el peso y la feracidad de las verdades que expone.
Un gusto pasar, compadre.

Pd. Lo veo más Tolstoi que Carver últimamente, jaja. También está bueno.
 
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