Julián Varela Navarro
Poeta recién llegado
Los enfermos
—¡Por mí! —dirás, mientras lentamente caminas por la habitación—. Hoy por primera vez hablaré yo primero doctor, no supe hasta ahora qué formas hay para arrepentirse. En su guarida nos hemos reído de su ropa, hasta de su generosidad, y hasta de sus gestos más comunes. Hemos salido triunfantes. No obstante, ahora, que estoy cerca de la muerte, lo entendí todo, y mire, no sé si pueda salir esta vez. ¿Vio que solo si vamos a morir, es cuando podemos, solo por nuestra cuenta y casi sin referencias, moldear hasta el fin nuestra respuesta más tenaz a las preguntas del amor, el arrepentimiento y el odio? Verá que sí, lo intentará. Es maravilloso que en esos últimos instantes cada uno refuerce una diferente respuesta, pero al mismo tiempo, creo, son todas similares, y qué lastima no tener tiempo para verlas disputar. Desde mi última visita, fundé una casa para los enfermos como yo. Siendo usted el único doctor, deberá conocer a sus pacientes.
—Sí, tú fuiste el primero. Tráigalos.
El doctor movió la cortina y vio la enorme cantidad de personas ocupando la totalidad de la calle, observando sus rostros completos de temor.
—Sí, de a dos hágalos pasar, y de a uno a la habitación —dijo al sentarse.
Luego, su pierna derecha, comenzaba a temblar.
- Julián Varela Navarro
—¡Por mí! —dirás, mientras lentamente caminas por la habitación—. Hoy por primera vez hablaré yo primero doctor, no supe hasta ahora qué formas hay para arrepentirse. En su guarida nos hemos reído de su ropa, hasta de su generosidad, y hasta de sus gestos más comunes. Hemos salido triunfantes. No obstante, ahora, que estoy cerca de la muerte, lo entendí todo, y mire, no sé si pueda salir esta vez. ¿Vio que solo si vamos a morir, es cuando podemos, solo por nuestra cuenta y casi sin referencias, moldear hasta el fin nuestra respuesta más tenaz a las preguntas del amor, el arrepentimiento y el odio? Verá que sí, lo intentará. Es maravilloso que en esos últimos instantes cada uno refuerce una diferente respuesta, pero al mismo tiempo, creo, son todas similares, y qué lastima no tener tiempo para verlas disputar. Desde mi última visita, fundé una casa para los enfermos como yo. Siendo usted el único doctor, deberá conocer a sus pacientes.
—Sí, tú fuiste el primero. Tráigalos.
El doctor movió la cortina y vio la enorme cantidad de personas ocupando la totalidad de la calle, observando sus rostros completos de temor.
—Sí, de a dos hágalos pasar, y de a uno a la habitación —dijo al sentarse.
Luego, su pierna derecha, comenzaba a temblar.
- Julián Varela Navarro
Última edición: