Nat Guttlein
さん
Como el adicto vuelve a la agonía.
Como el alcohólico necesita respirar otro vaso de vodka.
Adepto a un ciclo constante,
de regresar infinitamente a tu nombre.
A tu voz.
A ese dolor punzante y agónico,
de que mi propia realidad me golpee la nuca,
una vez y otra,
con las memorias de un amor que dejo de ser amado.
Por ti.
Por ese villano que me ataca con la ausencia.
Silenciosa,
que grita a dos voces,
todas esas palabras de amor que inclusive,
y sin buscar tener una forma de llamarlo cariño,
conseguían abrazarme inclusive en este infierno tan mío.
Que de ser propio,
se vuelve doloroso.
Mis fantasmas suelen dejar de tener tu forma.
Porque se vuelven sombras amargas,
mudas para los demás.
Pero que en mi soledad,
esa,
la peor de todas.
La que siento cuando estoy inclusive en compañía,
me piden que te busque.
Me susurran cuan verdugo antes de la sentencia,
que aún tengo tu corazón entre mis manos.
Blasfemando.
Prefiero recordarte así,
entre las miles de lagrimas que decoro bajo la lluvia de la ducha,
y entre el vapor de la música de tu ausencia.
Siendo ese Dios todopoderoso que supo,
exorcizar todos mis males,
todos los demonios que llevo tatuados en el alma,
como lunares en el cuerpo.
A buscarte y chocarme con la fría indiferencia.
O peor aún,
verme de cara con un alma ajena,
que de tanto ser mía,
prefirió buscar otro lugar en donde esconderse.
Y que ese no sean mas mis besos,
ni estos brazos que tantas noches,
entre almohadas y sueños,
supieron ser tu hogar.
Te iras de a poco.
Y el vacío en mi pecho,
será como el de un hogar sin habitantes.
Siempre con el recuerdo de tus manías en sus paredes,
pero recubierto en moho,
y la humedad de una pasión,
que dejó de ser inquilina.
Como el alcohólico necesita respirar otro vaso de vodka.
Adepto a un ciclo constante,
de regresar infinitamente a tu nombre.
A tu voz.
A ese dolor punzante y agónico,
de que mi propia realidad me golpee la nuca,
una vez y otra,
con las memorias de un amor que dejo de ser amado.
Por ti.
Por ese villano que me ataca con la ausencia.
Silenciosa,
que grita a dos voces,
todas esas palabras de amor que inclusive,
y sin buscar tener una forma de llamarlo cariño,
conseguían abrazarme inclusive en este infierno tan mío.
Que de ser propio,
se vuelve doloroso.
Mis fantasmas suelen dejar de tener tu forma.
Porque se vuelven sombras amargas,
mudas para los demás.
Pero que en mi soledad,
esa,
la peor de todas.
La que siento cuando estoy inclusive en compañía,
me piden que te busque.
Me susurran cuan verdugo antes de la sentencia,
que aún tengo tu corazón entre mis manos.
Blasfemando.
Prefiero recordarte así,
entre las miles de lagrimas que decoro bajo la lluvia de la ducha,
y entre el vapor de la música de tu ausencia.
Siendo ese Dios todopoderoso que supo,
exorcizar todos mis males,
todos los demonios que llevo tatuados en el alma,
como lunares en el cuerpo.
A buscarte y chocarme con la fría indiferencia.
O peor aún,
verme de cara con un alma ajena,
que de tanto ser mía,
prefirió buscar otro lugar en donde esconderse.
Y que ese no sean mas mis besos,
ni estos brazos que tantas noches,
entre almohadas y sueños,
supieron ser tu hogar.
Te iras de a poco.
Y el vacío en mi pecho,
será como el de un hogar sin habitantes.
Siempre con el recuerdo de tus manías en sus paredes,
pero recubierto en moho,
y la humedad de una pasión,
que dejó de ser inquilina.