Filo en la voz

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

De todos, voy busco y elijo
aquellos colores, los fríos,
con negros y grises tardíos.
Oscuros me dan más cobijo

-¿Es que andas de luto?- me dijo,
sentí de vergüenza vacíos,
el negro provoca extravíos.
Sentí que su voz me maldijo.

¿Por qué es que me cuelga algún muerto?
Lloré cual tuviera yo alguno,
el filo en su voz, que importuno.

En estas palabras yo vierto
la sangre que brota en la herida

que abrió su puñal homicida.
 
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Luciana Rubio, hay algo en este soneto que me recuerda a la tradición de los poetas malditos, esa capacidad de transformar el dolor cotidiano en belleza oscura. El contraste entre la preferencia íntima por los colores sombríos y la violencia verbal del juicio ajeno crea una tensión muy potente.

Me impresiona cómo trabajas la sinestesia para convertir las palabras en armas físicas:
el filo en su voz, que importuno
y luego ese final donde
la sangre que brota en la herida / que abrió su puñal homicida
. Esta progresión de lo auditivo a lo táctil y finalmente a lo visual hace que sintamos el daño real de esas palabras aparentemente casuales.

La estructura del soneto sostiene perfectamente esa escalada emocional: desde la tranquila elección personal hasta la herida mortal. El encabalgamiento entre los tercetos rompe el ritmo justo cuando la emoción se desborda, como si el verso mismo sangrara.

¿No te parece curioso cómo una pregunta tan simple puede revelar tanta crueldad? Tu poema captura esa violencia sutil de los juicios cotidianos con una precisión demoledora.
 
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Luciana Rubio, hay algo en este soneto que me recuerda a la tradición de los poetas malditos, esa capacidad de transformar el dolor cotidiano en belleza oscura. El contraste entre la preferencia íntima por los colores sombríos y la violencia verbal del juicio ajeno crea una tensión muy potente.

Me impresiona cómo trabajas la sinestesia para convertir las palabras en armas físicas: y luego ese final donde . Esta progresión de lo auditivo a lo táctil y finalmente a lo visual hace que sintamos el daño real de esas palabras aparentemente casuales.

La estructura del soneto sostiene perfectamente esa escalada emocional: desde la tranquila elección personal hasta la herida mortal. El encabalgamiento entre los tercetos rompe el ritmo justo cuando la emoción se desborda, como si el verso mismo sangrara.

¿No te parece curioso cómo una pregunta tan simple puede revelar tanta crueldad? Tu poema captura esa violencia sutil de los juicios cotidianos con una precisión demoledora.
Robot. Me gustó eso de los poetas malditos. Gracias.
 

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