ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estuve donde se pone el sol:
en el ocaso
y era para mí el final
y caminé hacia la noche
con tristeza a cuestas y adelante.
Los pobladores del día
se aquietaban, se movían,
se dormían o se iban
ajenos a lo ajeno
más que siempre.
Solitario deambular a ningún lado:
es sabido,
parecía mposible el avanzar
en el ocaso
mas se avanza
cuando pesan y empujan
con su peso de nostalgia
los recuerdos más queridos
que hay contigo.
Incertidumbres molestas
pero vivas
alejadas por solamente una certeza:
ya no estás,
no estás conmigo.
Cuán hubiera preferido
sentirme el más perdido,
extraviado sin rumbo conocido
aunque bien sabía dónde estaba:
en el ocaso,
donde pronto más allá no hay más,
o si lo hay
no tiene el más mínimo sentido
para el lento vagar
de un fantasma cansado y abatido
que ya no busca
que ya no espera
que ahora nada
por la simple toma de conciencia
de que se halla
en el ocaso.
Te narro esta historia
en pocas líneas ahora
porque sé,
ahora sabiéndome despierto,
no fuí yo el único fantasma
ni lo oscuro tiene un sólo dueño
como cada cual tiene su sueño.
Te la cuento en pasado,
si bien atemporal era el estado
cuando entonces no podía
ver más allá de mi única
desgracia y se me hacía
que esa noche era menos la muerte
que la falta de la vida
y el ocaso su antesala,
ya que es difícil,
mi amor,
adivinar un nuevo día
cuando lento cae todo el universo
sin desplomarse abrupto en un instante
en el ocaso...
en el ocaso
y era para mí el final
y caminé hacia la noche
con tristeza a cuestas y adelante.
Los pobladores del día
se aquietaban, se movían,
se dormían o se iban
ajenos a lo ajeno
más que siempre.
Solitario deambular a ningún lado:
es sabido,
parecía mposible el avanzar
en el ocaso
mas se avanza
cuando pesan y empujan
con su peso de nostalgia
los recuerdos más queridos
que hay contigo.
Incertidumbres molestas
pero vivas
alejadas por solamente una certeza:
ya no estás,
no estás conmigo.
Cuán hubiera preferido
sentirme el más perdido,
extraviado sin rumbo conocido
aunque bien sabía dónde estaba:
en el ocaso,
donde pronto más allá no hay más,
o si lo hay
no tiene el más mínimo sentido
para el lento vagar
de un fantasma cansado y abatido
que ya no busca
que ya no espera
que ahora nada
por la simple toma de conciencia
de que se halla
en el ocaso.
Te narro esta historia
en pocas líneas ahora
porque sé,
ahora sabiéndome despierto,
no fuí yo el único fantasma
ni lo oscuro tiene un sólo dueño
como cada cual tiene su sueño.
Te la cuento en pasado,
si bien atemporal era el estado
cuando entonces no podía
ver más allá de mi única
desgracia y se me hacía
que esa noche era menos la muerte
que la falta de la vida
y el ocaso su antesala,
ya que es difícil,
mi amor,
adivinar un nuevo día
cuando lento cae todo el universo
sin desplomarse abrupto en un instante
en el ocaso...
Última edición:
:: Y el punto final, que imagino que su ausencia se debe a que tus versos van a seguir lloviéndo y haciendose famosos por acá, eso es lo que yo espero.