NightHunterdxa
Poeta recién llegado
No pronuncio palabra, la noche vigila mi boca,
un secreto insondable que a la misma locura provoca.
¿Quién avanza en la bruma, rozando el umbral de la nada?
Una sombra sin rostro, mi oscura deidad coronada.
No diré quién me invoca, ni el viento sabrá su linaje,
solo un rastro de enigma que sangra al cruzar el paisaje.
Un misterio que late, un eco que nadie descifra,
mientras mi alma en las sombras, en su sola presencia, peligra.
Bajo un cielo de plomo, ahogados en densa ceniza,
donde el sol ya no nace y el aire de azufre agoniza,
nuestra "Manchester" andina, La Oroya de sierpe y metal,
fue la cuna macabra de un pacto de sangre inmortal.
Entre el llanto del hierro y el humo de un fuego maldito,
se forjó en el abismo este amor silencioso e infinito.
Un romance tóxico, bello, forjado en escoria y en ruina,
donde un ángel caído camina entre la neblina.
Dieciséis largos años tejiendo esta red espectral,
dos fantasmas vagando en un claustro de piedra y cristal.
Fue en el cuarto y el quinto, pasillos de un vil purgatorio,
donde atamos las almas en un clandestino velatorio.
Las campanas ya mueren, la herrumbre pudrió las paredes,
pero sigo atrapado, mi reina, en tus lúgubres redes.
Éramos cómplices mudos, dos bestias de un mismo rebaño,
gestando un amor que a la luz le causaría daño.
Tu melena es la noche tragándose al fin la blancura,
tus pupilas, dos simas que esconden la muerte y la cura.
Y en la densa negrura, susurro tu apodo profano:
"Chiquita", mi abismo, el veneno que bebo en mi mano.
Mientras yo, tu **Night Hunter**, acecho en la noche letal,
devorando demonios para alzarte en un trono infernal.
Tú eres el faro espectral, y yo, el cazador de la fosa,
velando tus pasos, mi frágil y fúnebre diosa.
Nuestros pasos se funden, dos sombras buscando su lecho,
con el frío del plomo latiendo muy dentro del pecho.
Que se oxide la tierra, que caigan los cielos en llanto,
solo anhelo el cobijo que ofrece tu tétrico manto.
Sin decir quién tú eres, dejando a las almas en celo,
un secreto insondable que a la misma locura provoca.
¿Quién avanza en la bruma, rozando el umbral de la nada?
Una sombra sin rostro, mi oscura deidad coronada.
No diré quién me invoca, ni el viento sabrá su linaje,
solo un rastro de enigma que sangra al cruzar el paisaje.
Un misterio que late, un eco que nadie descifra,
mientras mi alma en las sombras, en su sola presencia, peligra.
Bajo un cielo de plomo, ahogados en densa ceniza,
donde el sol ya no nace y el aire de azufre agoniza,
nuestra "Manchester" andina, La Oroya de sierpe y metal,
fue la cuna macabra de un pacto de sangre inmortal.
Entre el llanto del hierro y el humo de un fuego maldito,
se forjó en el abismo este amor silencioso e infinito.
Un romance tóxico, bello, forjado en escoria y en ruina,
donde un ángel caído camina entre la neblina.
Dieciséis largos años tejiendo esta red espectral,
dos fantasmas vagando en un claustro de piedra y cristal.
Fue en el cuarto y el quinto, pasillos de un vil purgatorio,
donde atamos las almas en un clandestino velatorio.
Las campanas ya mueren, la herrumbre pudrió las paredes,
pero sigo atrapado, mi reina, en tus lúgubres redes.
Éramos cómplices mudos, dos bestias de un mismo rebaño,
gestando un amor que a la luz le causaría daño.
Tu melena es la noche tragándose al fin la blancura,
tus pupilas, dos simas que esconden la muerte y la cura.
Y en la densa negrura, susurro tu apodo profano:
"Chiquita", mi abismo, el veneno que bebo en mi mano.
Mientras yo, tu **Night Hunter**, acecho en la noche letal,
devorando demonios para alzarte en un trono infernal.
Tú eres el faro espectral, y yo, el cazador de la fosa,
velando tus pasos, mi frágil y fúnebre diosa.
Nuestros pasos se funden, dos sombras buscando su lecho,
con el frío del plomo latiendo muy dentro del pecho.
Que se oxide la tierra, que caigan los cielos en llanto,
solo anhelo el cobijo que ofrece tu tétrico manto.
Sin decir quién tú eres, dejando a las almas en celo,
este amor es un infierno... que a mí me resulta un cielo.