Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
SU ENVIDIA LLEGA HASTA EL INFIERNO
El agua en un desierto,
no hace mares en la boca,
arropa el silencio mío
ondeando en tu palabra,
y provoca el resultado
de ver cómo se muere un hastío.
Decrépita es la lengua de la envidia
y en el caso que se divida en dos,
que partes más iguales de un lamento,
que se desea lo que no se sabe besar,
que los besos en el estelar,
no son para el que los quiere,
sino para el que haya elegido,
los planetas que tienen bocas.
Cómo duele ser normal,
cuando en la esquina de un cuarto oscuro,
se juró ser deidad de por vida,
verse y sentir que lo único que te mira,
son tus ojos reflejados en un espejo,
que la lágrima que corre en sangre,
no es de sentimiento, es de rabia.
Que el diablo,
no te tiene por enemigo
ni por amigo ni amante,
que no se masturba con tu pelo,
que su único deseo,
es mortal la indiferencia,
y el averno está lleno,
de los quiero y no puedo.
Y saber cómo duele una fotografía
en donde el negativo se disolvió,
en el cocer de un caldero,
que los esqueletos cocineros,
son ciegos, mudos y sordos,
como los tres insípidos monos,
y el único que es gordo,
es el que prueba con cuchara de madera,
si la blasfemia está a su punto de sal
y que esos huesos blancos e impuros,
estén al dente.
Te rezo Lucifer mío y pido tu bendición,
aparta de mí este cáliz que me quita la razón,
que en vida no vivo y de su deseo, estoy muriendo.
Y te digo la verdad, arcano de la guadaña,
me duele más ser yo por no ser ella,
porque de ella ansío hasta su más ínfima huela.
Hacedme caso no veis acaso mí pena.
Juanjota.
El agua en un desierto,
no hace mares en la boca,
arropa el silencio mío
ondeando en tu palabra,
y provoca el resultado
de ver cómo se muere un hastío.
Decrépita es la lengua de la envidia
y en el caso que se divida en dos,
que partes más iguales de un lamento,
que se desea lo que no se sabe besar,
que los besos en el estelar,
no son para el que los quiere,
sino para el que haya elegido,
los planetas que tienen bocas.
Cómo duele ser normal,
cuando en la esquina de un cuarto oscuro,
se juró ser deidad de por vida,
verse y sentir que lo único que te mira,
son tus ojos reflejados en un espejo,
que la lágrima que corre en sangre,
no es de sentimiento, es de rabia.
Que el diablo,
no te tiene por enemigo
ni por amigo ni amante,
que no se masturba con tu pelo,
que su único deseo,
es mortal la indiferencia,
y el averno está lleno,
de los quiero y no puedo.
Y saber cómo duele una fotografía
en donde el negativo se disolvió,
en el cocer de un caldero,
que los esqueletos cocineros,
son ciegos, mudos y sordos,
como los tres insípidos monos,
y el único que es gordo,
es el que prueba con cuchara de madera,
si la blasfemia está a su punto de sal
y que esos huesos blancos e impuros,
estén al dente.
Te rezo Lucifer mío y pido tu bendición,
aparta de mí este cáliz que me quita la razón,
que en vida no vivo y de su deseo, estoy muriendo.
Y te digo la verdad, arcano de la guadaña,
me duele más ser yo por no ser ella,
porque de ella ansío hasta su más ínfima huela.
Hacedme caso no veis acaso mí pena.
Juanjota.
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