John Robert
Poeta recién llegado
Que existes, existes,
sin embargo ¿Eres real?
Estás calada en mi piel,
mas no marca el reloj de mis recuerdos
un roce de tus manos.
Del cómo y cuándo empezó,
la preocupación es nula;
el para qué Dios cruzó dos senderos,
es el motor de lo nuestro.
A la distancia te percibo
especial, única y celestial;
todo tu ser, ese rinconcito del Edén,
es prisionero de mis ojos.
Sin tenerte cerca, yo te quiero,
¡Oh, fortuna grande sería!
si pudiese disfrutar de tu aliento,
y saborear miel en tus labios.
Dios guíe tus pasos hacia los míos,
corrija los míos hacia ellos,
explique la razón de mis suspiros
y bendiga tu sonrisa siempre.
sin embargo ¿Eres real?
Estás calada en mi piel,
mas no marca el reloj de mis recuerdos
un roce de tus manos.
Del cómo y cuándo empezó,
la preocupación es nula;
el para qué Dios cruzó dos senderos,
es el motor de lo nuestro.
A la distancia te percibo
especial, única y celestial;
todo tu ser, ese rinconcito del Edén,
es prisionero de mis ojos.
Sin tenerte cerca, yo te quiero,
¡Oh, fortuna grande sería!
si pudiese disfrutar de tu aliento,
y saborear miel en tus labios.
Dios guíe tus pasos hacia los míos,
corrija los míos hacia ellos,
explique la razón de mis suspiros
y bendiga tu sonrisa siempre.