Itamar
Poeta asiduo al portal
Jadeante la vida, lejanas las cosquillas,
vacila el beso desde el cristal
de mi ventana.
El dardo a tu ombligo,
mi selva a tu cedro... y se llueve.
Dos almas vestidas de instinto,
polen amasado; miel entre los labios,
que endulzan el dolor; plácido.
En su oleaje el mar navega a la picardía
y entre anzuelos se pesca
la humedad, la piel.
Que llueva de nuevo ante el fuego consumidor,
ante un entierro sin luto y sin rezos,
ante el aliento que sustancialmente marea
hasta perder la cordura.
Que se coloree la palabra blanca en mestizaje,
que el arco iris se tumbe en tu pecho, que me
sepa a cerezos, a limón, a sandía el tiempo;
manifestado, sublevado.
Dos y quince y el vuelo a tu puerta entre nubes
retrocede hasta mi alcoba, hasta mi cama,
hasta tu sueño.
Duerme y abre...
vacila el beso desde el cristal
de mi ventana.
El dardo a tu ombligo,
mi selva a tu cedro... y se llueve.
Dos almas vestidas de instinto,
polen amasado; miel entre los labios,
que endulzan el dolor; plácido.
En su oleaje el mar navega a la picardía
y entre anzuelos se pesca
la humedad, la piel.
Que llueva de nuevo ante el fuego consumidor,
ante un entierro sin luto y sin rezos,
ante el aliento que sustancialmente marea
hasta perder la cordura.
Que se coloree la palabra blanca en mestizaje,
que el arco iris se tumbe en tu pecho, que me
sepa a cerezos, a limón, a sandía el tiempo;
manifestado, sublevado.
Dos y quince y el vuelo a tu puerta entre nubes
retrocede hasta mi alcoba, hasta mi cama,
hasta tu sueño.
Duerme y abre...