Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
En el despertar del día me enamoré de tus ojos
en la inmensidad del azul de tu misma alma,
entre las tardes de ocasos rojos.
En las noches oscuras y llenas de calma.
Las sombras han poblado mi esencia
y la razón se silencia por naturaleza,
sin obligaciones se marcha tu presencia.
Lloro, porque es como arrancarle al cielo la belleza.
He seguido sin dudar, los mismos caminos
que trazaron tus huellas en el verso,
aquellos que florecieron en pergaminos.
Y sin estorbar puedo esperar tu regreso.
Llegaste a mi sin anuncio de estación y la primavera eras tú
estas floreciendo en este otoño que no deshoja,
entre los muros oscuros de mi soledad y eras luz.
Yo tímido rocío que sin ser descubierto, apenas se posa.
Tus espaldas nunca vieron mi mirada
ni tus manos cortaron el aire, para decirte aquí estoy,
no sé si lees mis versos, en verdad no sé nada.
Camino los caminos que formaron su regreso y no sé a donde voy.
Guardas silencio fúnebre, sin respeto alguno
frente a mí con tu mirada furtiva,
ahogas en gritos mis sollozos que murmuro.
Enmudeces tu boca, manantial de agua viva.
Tu recuerdo no me conserva, que dolor
y me pierdo entre los olvidos grises,
paso entre el atardecer de un amor.
Que muere sin florecer, sin sabernos felices.
Enmudecería las palabras y los besos en tu boca
ahogaría los suspiros y nada motivaría los poemas,
en el sentimiento que albergas y que mi alma provoca.
Desde mi gigante corazón que se agrieta ante las penas.
en la inmensidad del azul de tu misma alma,
entre las tardes de ocasos rojos.
En las noches oscuras y llenas de calma.
Las sombras han poblado mi esencia
y la razón se silencia por naturaleza,
sin obligaciones se marcha tu presencia.
Lloro, porque es como arrancarle al cielo la belleza.
He seguido sin dudar, los mismos caminos
que trazaron tus huellas en el verso,
aquellos que florecieron en pergaminos.
Y sin estorbar puedo esperar tu regreso.
Llegaste a mi sin anuncio de estación y la primavera eras tú
estas floreciendo en este otoño que no deshoja,
entre los muros oscuros de mi soledad y eras luz.
Yo tímido rocío que sin ser descubierto, apenas se posa.
Tus espaldas nunca vieron mi mirada
ni tus manos cortaron el aire, para decirte aquí estoy,
no sé si lees mis versos, en verdad no sé nada.
Camino los caminos que formaron su regreso y no sé a donde voy.
Guardas silencio fúnebre, sin respeto alguno
frente a mí con tu mirada furtiva,
ahogas en gritos mis sollozos que murmuro.
Enmudeces tu boca, manantial de agua viva.
Tu recuerdo no me conserva, que dolor
y me pierdo entre los olvidos grises,
paso entre el atardecer de un amor.
Que muere sin florecer, sin sabernos felices.
Enmudecería las palabras y los besos en tu boca
ahogaría los suspiros y nada motivaría los poemas,
en el sentimiento que albergas y que mi alma provoca.
Desde mi gigante corazón que se agrieta ante las penas.
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