Pablo Alejandro
Poeta adicto al portal
Piel.
Es fácil perderse
en la madrugada de tu piel,
y reencontrarse
con el sol que despunta de tus ojos.
Y entre tantas alboradas
hay sólo una la tuya- donde cantan
las aves del paraíso.
Mujer, piel de cedros,
tu aroma son los campos
donde los pinos danzan
y hay flores nuevas,
ellas dicen que es tiempo de primavera.
De tu piel nacen todas las primaveras.
Piel fresca, mujer,
de sonrisa caudalosa, fluvial, jugosa.
Es fácil amar tu rociados labios,
mujer, tu sonrisa de cascada,
húmeda y cristalina.
Piel morena,
piel de mi tierra,
mujer de mi tierra.
Tu belleza natural
al mundo deja absorto.
Los navíos anclan para regocijarse
con la apacible brisa
arraigada en tus costa.
Piel ceñida a tu talle de colinas.
Detrás de esa tersura desconocida
no hay nada,
sólo el deseo de
perderse y reencontrarse
Es fácil perderse
en la madrugada de tu piel,
y reencontrarse
con el sol que despunta de tus ojos.
Y entre tantas alboradas
hay sólo una la tuya- donde cantan
las aves del paraíso.
Mujer, piel de cedros,
tu aroma son los campos
donde los pinos danzan
y hay flores nuevas,
ellas dicen que es tiempo de primavera.
De tu piel nacen todas las primaveras.
Piel fresca, mujer,
de sonrisa caudalosa, fluvial, jugosa.
Es fácil amar tu rociados labios,
mujer, tu sonrisa de cascada,
húmeda y cristalina.
Piel morena,
piel de mi tierra,
mujer de mi tierra.
Tu belleza natural
al mundo deja absorto.
Los navíos anclan para regocijarse
con la apacible brisa
arraigada en tus costa.
Piel ceñida a tu talle de colinas.
Detrás de esa tersura desconocida
no hay nada,
sólo el deseo de
perderse y reencontrarse
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