Flavio Hugo Ruvalcaba
Poeta adicto al portal
Lo que menos importa es que me quieras.
El comienzo del fin es el amor correspondido.
Amar es exiliarse,
hundirse en una nuez,
huir tras un fantasma escurridizo.
Querer es desprenderse del espejo
y no esperar nada, absolutamente nada.
Quien espera, quien pide,
corre el riesgo de ser humillado por las desilusiones.
Cuando el amor recibe amor
algo, en alguna parte,
de algún modo comienza a quebrantarse.
Yo me quedo con el dócil hedonismo
de verte como un sueño
que controlo,
impecable, bañada y maquillada, sin una sola arruga.
Lo que sienta tu corazón no tiene sentido.
Si me amaras mi amor peligraría
pues tú también querrías aproximarte
y descubriría realmente cómo eres,
pensarías en mí, me verías caballeroso y guapo,
te engañarías sobradamente,
y al acercarnos a la luz la dura desnudez
nos haría convencernos, arrepentirnos,
entrar en combustión.
Con uno que ame es suficiente
y ese privilegio ahora es para mí.
Ni tú misma puedes quitarme este derecho.
Yo soy el del amor,
el intransigente, el impetuoso, el desquiciado.
La vida por fin hace justicia.
Yo soy el del amor y así me gusto.
Yo soy el del amor y estoy feliz.
Yo soy el del amor y es una recompensa
porque siempre había sido el que menos amaba.
A ti te toca la terrible molestia
de soportar a un loco,
de estar en mi desvarío perfecta a todas horas.
Ármate de valor y acepta tu destino.
Yo soy el del amor y espero en Dios
que no sea tan pesado tu cruel aburrimiento.
El comienzo del fin es el amor correspondido.
Amar es exiliarse,
hundirse en una nuez,
huir tras un fantasma escurridizo.
Querer es desprenderse del espejo
y no esperar nada, absolutamente nada.
Quien espera, quien pide,
corre el riesgo de ser humillado por las desilusiones.
Cuando el amor recibe amor
algo, en alguna parte,
de algún modo comienza a quebrantarse.
Yo me quedo con el dócil hedonismo
de verte como un sueño
que controlo,
impecable, bañada y maquillada, sin una sola arruga.
Lo que sienta tu corazón no tiene sentido.
Si me amaras mi amor peligraría
pues tú también querrías aproximarte
y descubriría realmente cómo eres,
pensarías en mí, me verías caballeroso y guapo,
te engañarías sobradamente,
y al acercarnos a la luz la dura desnudez
nos haría convencernos, arrepentirnos,
entrar en combustión.
Con uno que ame es suficiente
y ese privilegio ahora es para mí.
Ni tú misma puedes quitarme este derecho.
Yo soy el del amor,
el intransigente, el impetuoso, el desquiciado.
La vida por fin hace justicia.
Yo soy el del amor y así me gusto.
Yo soy el del amor y estoy feliz.
Yo soy el del amor y es una recompensa
porque siempre había sido el que menos amaba.
A ti te toca la terrible molestia
de soportar a un loco,
de estar en mi desvarío perfecta a todas horas.
Ármate de valor y acepta tu destino.
Yo soy el del amor y espero en Dios
que no sea tan pesado tu cruel aburrimiento.
::