Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Retaguardia
Retaguardia magra,
a la deriva de los inciensos frustrantes
por las camisas comparsas
de los días alienígenas
indefensos como yo, como yo.
Pero pretendo ser la algarabía
infinita de la pubertad de los estanques,
gastarme la miseria de mis pupilas
en perseguir mutantes con secuelas
de lunes sumergidos por el tedio.
Retaguardia talante, al borde
de la refutación monótona
causante de las náuseas a mis oídos,
infestados por los subterráneos
de mi fragilidad dispersa
por el jazz homicida de lo que escucho.
Pero pretendo hostigar a la guillotina
que gatea por mi cuello hilarante,
y no perder el idioma de los ciegos
por la cicatería de mi retaguardia,
magra e imperfecta.
Retaguardia magra,
a la deriva de los inciensos frustrantes
por las camisas comparsas
de los días alienígenas
indefensos como yo, como yo.
Pero pretendo ser la algarabía
infinita de la pubertad de los estanques,
gastarme la miseria de mis pupilas
en perseguir mutantes con secuelas
de lunes sumergidos por el tedio.
Retaguardia talante, al borde
de la refutación monótona
causante de las náuseas a mis oídos,
infestados por los subterráneos
de mi fragilidad dispersa
por el jazz homicida de lo que escucho.
Pero pretendo hostigar a la guillotina
que gatea por mi cuello hilarante,
y no perder el idioma de los ciegos
por la cicatería de mi retaguardia,
magra e imperfecta.
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