Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
DESPIERTO CON UN SUDOR FRÍO.
Estulto cadáver que te pierdes en divagaciones,
no nombres a los hombres que te citaron,
caíste en el olvido prematuro
donde la lengua se pierde en el arco del paladar,
exangüe queda la razón de los tiempos,
Pretérito fue la sonrisa y el llanto.
Pretérito fue el amor y el latido.
Pretérito fue todo el sentido de tu vida.
Pretérito fueron, tus dos manos.
Pretina que te ahoga los huesos,
color negro y de raso, en su abrazo,
te hace crespón al esqueleto,
¿Qué sientes indefenso, solo y hueco?
Pareces que estas inadvertido y sin embargo,
te acuna la tierra y sus raíces
hacen anillos en tus falanges.
¿Qué beso te dio el grano de arena,
que en la callada espera renace un oasis
dentro de tu blanca calavera?.
Dios en los cielos, campanas de paraísos,
alas blancas que rompen las nubes,
infinito paisaje en donde su vista,
se perdió en su reino. ¡Arriba!
Despiste del anhelo de los cuerpos,
que los arcángeles no les dieron alas,
ni vivos ni muertos, andando van sin destino,
que escuchan la música y los rugidos
y no saben si sentir alegría o miedo. ¡En medio!
Muerte que te acoge en su seno,
recibe en la cara sin carne, un beso
que no es de Judas, ni de amante,
ni siquiera de recibimiento,
es el beso que te dice:
Aquí has llegado, aquí te quedas. ¡Abajo!
Cayó sobre tú espíritu el ocaso de tú tiempo,
no volverás a la brisa de una primavera que te hace viejo,
no cumplirás más años y los relojes,
quedaran ahorcados en las esquinas
de una tapa de madera, que te cubre la silueta, para siempre.
Conciencia que por última vez abrirá,
las mil puertas de los burdeles del alma,
que puta fue el sentimiento que te dio placeres,
y en nichos alineados, en sus bordes,
reposan los fantasmas de lo deseado,
más ajado se queda el lamento,
de lo que no has hecho.
Resentimiento que no rompió la reja,
que te aparto del pensamiento,
que el amor que quisiste sentir,
murió contigo y contigo y a la misma hora,
se suicidio tu verbo y tú latido.
Te gritas para adentro, despierta, despierta ya
que ya no puedo más, aguantar este sueño,
que vistió mí cuerpo en imaginaria sangre, de un sudor frío.
Juanjota.
Estulto cadáver que te pierdes en divagaciones,
no nombres a los hombres que te citaron,
caíste en el olvido prematuro
donde la lengua se pierde en el arco del paladar,
exangüe queda la razón de los tiempos,
Pretérito fue la sonrisa y el llanto.
Pretérito fue el amor y el latido.
Pretérito fue todo el sentido de tu vida.
Pretérito fueron, tus dos manos.
Pretina que te ahoga los huesos,
color negro y de raso, en su abrazo,
te hace crespón al esqueleto,
¿Qué sientes indefenso, solo y hueco?
Pareces que estas inadvertido y sin embargo,
te acuna la tierra y sus raíces
hacen anillos en tus falanges.
¿Qué beso te dio el grano de arena,
que en la callada espera renace un oasis
dentro de tu blanca calavera?.
Dios en los cielos, campanas de paraísos,
alas blancas que rompen las nubes,
infinito paisaje en donde su vista,
se perdió en su reino. ¡Arriba!
Despiste del anhelo de los cuerpos,
que los arcángeles no les dieron alas,
ni vivos ni muertos, andando van sin destino,
que escuchan la música y los rugidos
y no saben si sentir alegría o miedo. ¡En medio!
Muerte que te acoge en su seno,
recibe en la cara sin carne, un beso
que no es de Judas, ni de amante,
ni siquiera de recibimiento,
es el beso que te dice:
Aquí has llegado, aquí te quedas. ¡Abajo!
Cayó sobre tú espíritu el ocaso de tú tiempo,
no volverás a la brisa de una primavera que te hace viejo,
no cumplirás más años y los relojes,
quedaran ahorcados en las esquinas
de una tapa de madera, que te cubre la silueta, para siempre.
Conciencia que por última vez abrirá,
las mil puertas de los burdeles del alma,
que puta fue el sentimiento que te dio placeres,
y en nichos alineados, en sus bordes,
reposan los fantasmas de lo deseado,
más ajado se queda el lamento,
de lo que no has hecho.
Resentimiento que no rompió la reja,
que te aparto del pensamiento,
que el amor que quisiste sentir,
murió contigo y contigo y a la misma hora,
se suicidio tu verbo y tú latido.
Te gritas para adentro, despierta, despierta ya
que ya no puedo más, aguantar este sueño,
que vistió mí cuerpo en imaginaria sangre, de un sudor frío.
Juanjota.
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