Allí estaban tus catorce versos... yo me desperezaba
de mis trece perezas de urbana urgencia,
en los doce balcones que vendimiaban tus ojos;
dúctil blanda y blanca bajaba desde los once atrios de la noche
hasta tus diez latidos de diapasón victoriano,
y remaba...
remaba sobre los nueve labios del gozo impronunciable
que me encadenan a tus ocho soles de pasamanería
y me peinan la séptima vida de gata que renace
cada lunes, a las seis en punto,
y mendiga, bajo los cinco pliegues del cuarto hechizo,
el tridente de trenzar tus tres treguas de bardo mago y loco,
de saltar en los dos paracaídas del orate sin colchón,
de salvar al mundo de este mundo que es mucho mundo para un mundo.
de mis trece perezas de urbana urgencia,
en los doce balcones que vendimiaban tus ojos;
dúctil blanda y blanca bajaba desde los once atrios de la noche
hasta tus diez latidos de diapasón victoriano,
y remaba...
remaba sobre los nueve labios del gozo impronunciable
que me encadenan a tus ocho soles de pasamanería
y me peinan la séptima vida de gata que renace
cada lunes, a las seis en punto,
y mendiga, bajo los cinco pliegues del cuarto hechizo,
el tridente de trenzar tus tres treguas de bardo mago y loco,
de saltar en los dos paracaídas del orate sin colchón,
de salvar al mundo de este mundo que es mucho mundo para un mundo.
::