Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cómo reventar pompas cerca de tus besos,
invitando a humedecer tus sueños,
que pegados se desnudan a mis versos,
en oníricos defectos perfectos,
que transmutan a través de las piedras,
como haz de luces preciosas.
Cómo explicarte que mis anhelos se han vuelto gema,
talismán que deseo lo prendas desnudo a tu vientre,
cubriendo de enredadera con amatistas ardientes,
que se embelezan conquistando el tul de tu piel.
Cómo seducirte narrando mis perlas,
que fértiles se han de precisar en tu huerto,
proliferando en secreto mi espiga,
que varonil se abandona junto al viento.
Cómo guiñarte hechizando con ágatas,
cada misterio que se viene en torbellino,
que agitas desde tu pubis en cuello,
haciendo temblar el temible ventisquero,
que ruge como estampida de rezos,
ante el gemido impetuoso y enérgico.
Cómo adornar la noche con zafiros,
para que la hoguera infinita de mi cuerpo,
sonroje el azul de su brillo,
hasta que arrobe con delicadeza señera,
cada estrella que se viene en esperma.
Cómo abrir mi sangre en rubíes,
para mostrar la vehemencia que hierve,
explotando y aullando en tu cumbre,
calzando perfecto en tu nido
donde arrullo caudaloso y eterno.
Piedras preciosas acuño en figuras de encajes,
esparcidas moldeo tu fruto,
que gustoso modelo sediento
y jugoso chorreo contento,
la arcilla que mezclo en mis dedos,
hasta acariciar suspendida las pompas,
que han de estallar junto a mis versos
invitando a humedecer tus sueños,
que pegados se desnudan a mis versos,
en oníricos defectos perfectos,
que transmutan a través de las piedras,
como haz de luces preciosas.
Cómo explicarte que mis anhelos se han vuelto gema,
talismán que deseo lo prendas desnudo a tu vientre,
cubriendo de enredadera con amatistas ardientes,
que se embelezan conquistando el tul de tu piel.
Cómo seducirte narrando mis perlas,
que fértiles se han de precisar en tu huerto,
proliferando en secreto mi espiga,
que varonil se abandona junto al viento.
Cómo guiñarte hechizando con ágatas,
cada misterio que se viene en torbellino,
que agitas desde tu pubis en cuello,
haciendo temblar el temible ventisquero,
que ruge como estampida de rezos,
ante el gemido impetuoso y enérgico.
Cómo adornar la noche con zafiros,
para que la hoguera infinita de mi cuerpo,
sonroje el azul de su brillo,
hasta que arrobe con delicadeza señera,
cada estrella que se viene en esperma.
Cómo abrir mi sangre en rubíes,
para mostrar la vehemencia que hierve,
explotando y aullando en tu cumbre,
calzando perfecto en tu nido
donde arrullo caudaloso y eterno.
Piedras preciosas acuño en figuras de encajes,
esparcidas moldeo tu fruto,
que gustoso modelo sediento
y jugoso chorreo contento,
la arcilla que mezclo en mis dedos,
hasta acariciar suspendida las pompas,
que han de estallar junto a mis versos