Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
SILENTE BESA LA MUERTE.
Pensamiento que amaña a la boca
de una muerte que le deje besarla en derrota,
la entrega es abierta y los paraísos ya caídos,
de los paisajes de los ojos, fuente en lágrimas, río seco,
ya no corre agua ni sangre, ya no hacen meandros las venas,
no es orgullosa la pena y el abandono,
peina las canas de una vida, sin peine ...
que mece los cabellos, las uñas que sin ser púas,
sean el desgarro del aire que alborota las sienes.
Frío seco y silencioso, para conservar el néctar
de la miel muerta, de los cultivadores,
del polen de las rosas negras, murciélagos
convertidos en colibrís, que no saben volar en el sitio,
que hacen capricho en las yugulares, el sorbo y su mordisco,
abre paso al aparecido, remoto sentimiento,
primer pensamiento, primer golpe en la espalda,
que lo primero que se recuerda en lo último del camino,
será una palmada y un llanto de recién nacido.
Baile de faisanes, sin cuello ni plumas,
golpes secos en las paredes de un templo destruido,
se apilan los libros de mis días,
escritos en páginas amarillas
ya no queda saliva para el dedo,
el huracán del exabrupto de una gárgola,
hará pasar la pagina, sin dejar ver el texto.
Pesada tiniebla que busca mis hombros
como pesa la silueta de los recuerdos,
de humo sin fuego se llena
el hueco de las palabras, que se quedaron
dormitantes en las copas de los cipreses despistados,
que si uno fue bastardo de la vida,
la vida fue proclive en llanto
y del canto de los amaneceres,
se han quedado roncas las águilas,
en círculo buscan a los sonidos de las bocas,
ruidos que quedaron enterrados en las fosas del abismo,
soterrado quedó el entierro y la pala,
perdido entre polvo quedó el hueso,
el enterrador se fue a dormir para siempre
y se olvidó ponerle el nombre a la lápida.
Desecho el pecho, se quedaron todos los trozos
en la falda del amante del diablo,
jocoso aquelarre interminable
no se cuenta el tiempo ni en días ni noches,
las sombras saltan a sus anchas,
por los parados relojes ..
no acaba aquí la muerte,
que el fin está donde yacerá
el corazón ausente de un latido.
Pensamiento que amaña a la boca
de una muerte que le deje besarla en derrota,
la entrega es abierta y los paraísos ya caídos,
de los paisajes de los ojos, fuente en lágrimas, río seco,
ya no corre agua ni sangre, ya no hacen meandros las venas,
no es orgullosa la pena y el abandono,
peina las canas de una vida, sin peine ...
que mece los cabellos, las uñas que sin ser púas,
sean el desgarro del aire que alborota las sienes.
Frío seco y silencioso, para conservar el néctar
de la miel muerta, de los cultivadores,
del polen de las rosas negras, murciélagos
convertidos en colibrís, que no saben volar en el sitio,
que hacen capricho en las yugulares, el sorbo y su mordisco,
abre paso al aparecido, remoto sentimiento,
primer pensamiento, primer golpe en la espalda,
que lo primero que se recuerda en lo último del camino,
será una palmada y un llanto de recién nacido.
Baile de faisanes, sin cuello ni plumas,
golpes secos en las paredes de un templo destruido,
se apilan los libros de mis días,
escritos en páginas amarillas
ya no queda saliva para el dedo,
el huracán del exabrupto de una gárgola,
hará pasar la pagina, sin dejar ver el texto.
Pesada tiniebla que busca mis hombros
como pesa la silueta de los recuerdos,
de humo sin fuego se llena
el hueco de las palabras, que se quedaron
dormitantes en las copas de los cipreses despistados,
que si uno fue bastardo de la vida,
la vida fue proclive en llanto
y del canto de los amaneceres,
se han quedado roncas las águilas,
en círculo buscan a los sonidos de las bocas,
ruidos que quedaron enterrados en las fosas del abismo,
soterrado quedó el entierro y la pala,
perdido entre polvo quedó el hueso,
el enterrador se fue a dormir para siempre
y se olvidó ponerle el nombre a la lápida.
Desecho el pecho, se quedaron todos los trozos
en la falda del amante del diablo,
jocoso aquelarre interminable
no se cuenta el tiempo ni en días ni noches,
las sombras saltan a sus anchas,
por los parados relojes ..
no acaba aquí la muerte,
que el fin está donde yacerá
el corazón ausente de un latido.
::
::