La mirada se refleja en los soles que se alejan
y en sus trazos van marcando mi textura.
Me condena el calendario a vivir de los relojes
registrando los temores olvidados.
Y mi voz como un estigma enmudece en el ocaso
reclinada en una sombra que no parte.
Se reencuentra con el eco del otoño que se acerca
esa brisa arrebatada que se lleva las miradas
deshojando las perennes soledades.
Y mi rostro es como el viento, soledad, tenue misterio
en el giro de las hojas desprendidas.
El aliento se diluye recobrando ese misterio
de lo etéreo transparente y me encuentro más cercano
de mi polvo, ese hálito sublime que se pierde.
Esta brisa no se lleva, esas hojas, los dolores,
las heridas que perenne permanecen.
Me prepara el escenario de un regreso que se asoma...
y esas penas que se burlan, que se burlan y no lloran.
Ese frío que acompaña, esta vida que se acorta
y me quedan los recuerdos esparcidos y en silencio
en el juego de la vida ese juego sin regreso
que reclama enloquecido nuestra historia.
Este otoño, hojas perennes, las otras hojas,
esa vida, el calendario y este invierno que amenaza.
Eso etéreo y transparente que me arrastra de costado,
y me deja por momentos en la esquina, allí varado... Solo.
y en sus trazos van marcando mi textura.
Me condena el calendario a vivir de los relojes
registrando los temores olvidados.
Y mi voz como un estigma enmudece en el ocaso
reclinada en una sombra que no parte.
Se reencuentra con el eco del otoño que se acerca
esa brisa arrebatada que se lleva las miradas
deshojando las perennes soledades.
Y mi rostro es como el viento, soledad, tenue misterio
en el giro de las hojas desprendidas.
El aliento se diluye recobrando ese misterio
de lo etéreo transparente y me encuentro más cercano
de mi polvo, ese hálito sublime que se pierde.
Esta brisa no se lleva, esas hojas, los dolores,
las heridas que perenne permanecen.
Me prepara el escenario de un regreso que se asoma...
y esas penas que se burlan, que se burlan y no lloran.
Ese frío que acompaña, esta vida que se acorta
y me quedan los recuerdos esparcidos y en silencio
en el juego de la vida ese juego sin regreso
que reclama enloquecido nuestra historia.
Este otoño, hojas perennes, las otras hojas,
esa vida, el calendario y este invierno que amenaza.
Eso etéreo y transparente que me arrastra de costado,
y me deja por momentos en la esquina, allí varado... Solo.