Pablo Alejandro
Poeta adicto al portal
Aquella presencia en mi puerta
adornaba el iris marrón de mis ojos
y dilataba mis pupilas.
Estaba allí, era extraña,
con su boca carmesí
creaba en mi mente un beso.
Con sus brazos indefensos
yo me ingeniaba un abrazo
el cual vendría a ser
el cimiento de unos sueños.
de los cuales no era dueño.
Morando en un relato recién escrito
de páginas cargadas de ficción.
Ella era la blanca nube viajera
que a otro prado verde cubriría del sol
Y su voz de melodías
de mis oídos se perdió.
Borrando de las páginas
mi actuación presuntuosa.
Para que no robaran su esencia
yo mataba mariposas.
-era mi flor-.
Se marchó.
Una lágrima evasiva
traspasó mis defensas.
Y fue ella
-ardiente lágrima-
la que me reveló que ya era tarde,
que en esta guerra cargada de derrotas,
izó la bandera el adiós.
era tarde, y estaba creciendo el amor.
adornaba el iris marrón de mis ojos
y dilataba mis pupilas.
Estaba allí, era extraña,
con su boca carmesí
creaba en mi mente un beso.
Con sus brazos indefensos
yo me ingeniaba un abrazo
el cual vendría a ser
el cimiento de unos sueños.
de los cuales no era dueño.
Morando en un relato recién escrito
de páginas cargadas de ficción.
Ella era la blanca nube viajera
que a otro prado verde cubriría del sol
Y su voz de melodías
de mis oídos se perdió.
Borrando de las páginas
mi actuación presuntuosa.
Para que no robaran su esencia
yo mataba mariposas.
-era mi flor-.
Se marchó.
Una lágrima evasiva
traspasó mis defensas.
Y fue ella
-ardiente lágrima-
la que me reveló que ya era tarde,
que en esta guerra cargada de derrotas,
izó la bandera el adiós.
era tarde, y estaba creciendo el amor.