Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y se juntaron lágrimas y sonrisas
y se asustaron hasta el tuétano,
elefantes y clavadistas
y se fueron de fiesta: la suegra,
los payasos y las trapecistas
y se quedó el dueño del circo
pensativo y pesimista
Y todo porque su mujer,
se fugó con El Alquimista
Amigos amigas
¡la vida es un circo!
Unos somos payasos,
otros somos trapecistas;
unos nos especializamos en el ramo
de esconder las cosas, haciendo fintas
Unos actuamos como enanos
porque doblamos las rodillas,
y otros a las fieras dominamos
aunque nos coman en la pista
Más, el dueño de la carpa,
-quien funge casi siempre,
como Director de Ceremonias-
es generalmente,
el que se acuesta, con la reina de la historia;
es el que mejor cobra
y como escoria
trata al resto del circo,
desde que tengo uso de memoria
Y no vale ser El Hombre Bala
ni El Domador de los más fieros
ni el que cambia las palomas,
asombrosamente por conejos;
o los que hacen las maromas,
ni los que se cuelgan del techo
y se juegan la vida, lánzandose desde el aire
hasta un pequeñito trapecio;
no vale el que te hace reír,
a costa de su pintura,
de una locura absurda
o de su insólita vestidura
Lo único que cuenta, o ayuda
es lo que todo el mundo procura,
casarse con el que tiene el poder
o con billetes deslumbra
y se asustaron hasta el tuétano,
elefantes y clavadistas
y se fueron de fiesta: la suegra,
los payasos y las trapecistas
y se quedó el dueño del circo
pensativo y pesimista
Y todo porque su mujer,
se fugó con El Alquimista
Amigos amigas
¡la vida es un circo!
Unos somos payasos,
otros somos trapecistas;
unos nos especializamos en el ramo
de esconder las cosas, haciendo fintas
Unos actuamos como enanos
porque doblamos las rodillas,
y otros a las fieras dominamos
aunque nos coman en la pista
Más, el dueño de la carpa,
-quien funge casi siempre,
como Director de Ceremonias-
es generalmente,
el que se acuesta, con la reina de la historia;
es el que mejor cobra
y como escoria
trata al resto del circo,
desde que tengo uso de memoria
Y no vale ser El Hombre Bala
ni El Domador de los más fieros
ni el que cambia las palomas,
asombrosamente por conejos;
o los que hacen las maromas,
ni los que se cuelgan del techo
y se juegan la vida, lánzandose desde el aire
hasta un pequeñito trapecio;
no vale el que te hace reír,
a costa de su pintura,
de una locura absurda
o de su insólita vestidura
Lo único que cuenta, o ayuda
es lo que todo el mundo procura,
casarse con el que tiene el poder
o con billetes deslumbra
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