Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cierne el averno su oscuro manto
Lluvia de fuego en salpicado,
cae sobre los amantes desahuciados,
sobre la cornisa del pecado
Temerosos lloran abrazados
no es por la muerte,
tampoco es por el pecado
No es por la lluvia de fuego sobre sus frentes,
es por separarse que lloran desvastados
Y preferirían todo infierno, a vivir de si, indiferentes
pero no les dejan elección ¡que desdichados!
¡Tienen derecho!
se lo han ganado
Y sin embargo, el mundo cruel,
se hace el porfiado
Circunstancias apremiantes los envuelven,
robando los minutos que se tienen, y no se han dado
No es posible que el amor
deba salir a veces trasquilado,
predominando otros intereses
o la presión indolente de un pasado
Si el amor es puro, cual parece
¿Por qué?... ¡digan!, ¿por qué, entonces
a veces tenemos que abandonarlo?,
cuando el fin que se persigue
es supuestamente, vivir amando
Me confundo, encolerizo
No me es grato escuchar de amores desgastados
¿Qué pasa?. ¿Qué acontece?,
¿qué le impide al amor salir ganando?
No estoy triste, pero si enfurecida
Hasta cuando el amor, seguirá luchando
¡Un respiro por los dos!
que se merecen
amarse libremente y no pecando
Y he visto tantas Marías
y en sus nombres he versado.
Y he visto tantos dispuestos
a arrojar la primera piedra en el tejado
y a las ratas salir corriendo,
tras la niña de rosado
He visto la peste escupiendo
maldiciones, a dos locos
sólo porque están enamorados
Me pegunto: ¿qué hacer?, para que entiendan,
que el amor nunca es pecado;
si nació entre dos personas
alguna razón tendrá que haberse dado.
No es casualidad el amor verdadero.
No es lisonja en lo que estoy pensando,
me refiero al amor, que de tan bueno
es capaz de dejarse cortar hasta el rabo
Ah pero les encanta encender
el mechón; amén del arrendatario
que paga en el burdel
un descuento, por fungir como secretario,
jajjaa pues su señora aborrece
las noches que está a su lado
pero bendice los pies
del que descansa a su costado,
cada vez que el marido infiel
se escapa por enviciado;
y no importa si lleva el cartel
de adúltera sin enjuiciado
porque ella, conciente de su ayer,
prefiere no pedir prestado.
Y todo me sabe a sucio
-que conste que no digo pecado-
me sabe a estupidez,
me sabe a vender el santo;
será que soy otro ser
iluso y estrafalario,
que vive en su propia piel
¡ah caramba! al parecer
a unos cuantos,
habría que desparasitarlos
Lluvia de fuego en salpicado,
cae sobre los amantes desahuciados,
sobre la cornisa del pecado
Temerosos lloran abrazados
no es por la muerte,
tampoco es por el pecado
No es por la lluvia de fuego sobre sus frentes,
es por separarse que lloran desvastados
Y preferirían todo infierno, a vivir de si, indiferentes
pero no les dejan elección ¡que desdichados!
¡Tienen derecho!
se lo han ganado
Y sin embargo, el mundo cruel,
se hace el porfiado
Circunstancias apremiantes los envuelven,
robando los minutos que se tienen, y no se han dado
No es posible que el amor
deba salir a veces trasquilado,
predominando otros intereses
o la presión indolente de un pasado
Si el amor es puro, cual parece
¿Por qué?... ¡digan!, ¿por qué, entonces
a veces tenemos que abandonarlo?,
cuando el fin que se persigue
es supuestamente, vivir amando
Me confundo, encolerizo
No me es grato escuchar de amores desgastados
¿Qué pasa?. ¿Qué acontece?,
¿qué le impide al amor salir ganando?
No estoy triste, pero si enfurecida
Hasta cuando el amor, seguirá luchando
¡Un respiro por los dos!
que se merecen
amarse libremente y no pecando
Y he visto tantas Marías
y en sus nombres he versado.
Y he visto tantos dispuestos
a arrojar la primera piedra en el tejado
y a las ratas salir corriendo,
tras la niña de rosado
He visto la peste escupiendo
maldiciones, a dos locos
sólo porque están enamorados
Me pegunto: ¿qué hacer?, para que entiendan,
que el amor nunca es pecado;
si nació entre dos personas
alguna razón tendrá que haberse dado.
No es casualidad el amor verdadero.
No es lisonja en lo que estoy pensando,
me refiero al amor, que de tan bueno
es capaz de dejarse cortar hasta el rabo
Ah pero les encanta encender
el mechón; amén del arrendatario
que paga en el burdel
un descuento, por fungir como secretario,
jajjaa pues su señora aborrece
las noches que está a su lado
pero bendice los pies
del que descansa a su costado,
cada vez que el marido infiel
se escapa por enviciado;
y no importa si lleva el cartel
de adúltera sin enjuiciado
porque ella, conciente de su ayer,
prefiere no pedir prestado.
Y todo me sabe a sucio
-que conste que no digo pecado-
me sabe a estupidez,
me sabe a vender el santo;
será que soy otro ser
iluso y estrafalario,
que vive en su propia piel
¡ah caramba! al parecer
a unos cuantos,
habría que desparasitarlos
::