Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
::
::
Atrás quedaron mis años de niña, ya casi mujer.
Atrás quedo grabado en el tiempo los días
en que me llenabas de versos, de regalos,
de serenatas con mariachi.
Ahora no hay nada.
Ni un dulce, ni un chocolate. Nada.
Se enfrió mi piel de esperarte llegar embriagado,
perplejo entre cadenas.
Olor a tabaco y arrastrando tu condena.
Atrás quedaron los días de deseos en la sala,
la cocina y las sabanas.
Cuando yo extasiada solo esperaba más... más.
Miro al espejo mi rostro y tan solo veo
lo que quedo de mi, ahora solo es un monstruo.
Una silueta que ya no siente,
no huele, no sabe.
Te llevaste mi olor, mis caricias y mi sabor.
El bendito juramento ante un altar
en estos años juntos solo se marchito.
¿Y el anillo? no lo sé, ya ni lo encuentro.
Las ganas de exhibirlo se han ido lejos.
La promesa que un día dibujo mi sonrisa,
hoy solo son lagrimas cubiertas de matices
de una oscuridad suprema. ::
::
:: Atrás quedaron mis años de niña, ya casi mujer.
Atrás quedo grabado en el tiempo los días
en que me llenabas de versos, de regalos,
de serenatas con mariachi.
Ahora no hay nada.
Ni un dulce, ni un chocolate. Nada.
Se enfrió mi piel de esperarte llegar embriagado,
perplejo entre cadenas.
Olor a tabaco y arrastrando tu condena.
Atrás quedaron los días de deseos en la sala,
la cocina y las sabanas.
Cuando yo extasiada solo esperaba más... más.
Miro al espejo mi rostro y tan solo veo
lo que quedo de mi, ahora solo es un monstruo.
Una silueta que ya no siente,
no huele, no sabe.
Te llevaste mi olor, mis caricias y mi sabor.
El bendito juramento ante un altar
en estos años juntos solo se marchito.
¿Y el anillo? no lo sé, ya ni lo encuentro.
Las ganas de exhibirlo se han ido lejos.
La promesa que un día dibujo mi sonrisa,
hoy solo son lagrimas cubiertas de matices
de una oscuridad suprema. ::
::
::
::::
::