Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA VENUS NEGRA
( A Paco Velozo, Maestro.´. )
Silencio del galpón, al fondo,
delicioso olor a madera.
La vieja sierra, un buen torno,
aserrín, mil herramientas,
un brasero, la pava, el mate,
un libro azul de El Tibetano.
Sentado y silvando Paco,
tallando la Venus negra.
Será de caoba aromada
de la selva misionera
crecida en añosos bosques
oreada, teñida en yerba.
Sus sabias manos seguras
cuchillo y gubia manejan
dando forma a la madera.
Ayer le tallaba el pelo,
generosa cabellera
que acariciará la espalda
de la morocha muñeca.
Hoy le tallará los pechos
y a la tarde las caderas,
mañana tal vez las nalgas
y piernas estén completas,
puede ser que para el jueves
la Diosa aparezca entera.
Le pasará lija suave
y la frotará (¡quién pudiera!)
acariciando con estopa
impregnada en carnauba
para que brille cual perla...
¡Perla negra cautivante,
adorable Venus negra
seductora y misteriosa
cual la luna misionera!
¿Por qué invades mis sueños
y me afiebras? Tal vez pueda
tallarte en el corazón
una imagen mía, muñeca.
Tal vez nunca te enamore
tal vez, antes de que muera
tú puedas tallarme un beso
en mi boca de madera...
Eduardo A. Morguenstern
( A Paco Velozo, Maestro.´. )
Silencio del galpón, al fondo,
delicioso olor a madera.
La vieja sierra, un buen torno,
aserrín, mil herramientas,
un brasero, la pava, el mate,
un libro azul de El Tibetano.
Sentado y silvando Paco,
tallando la Venus negra.
Será de caoba aromada
de la selva misionera
crecida en añosos bosques
oreada, teñida en yerba.
Sus sabias manos seguras
cuchillo y gubia manejan
dando forma a la madera.
Ayer le tallaba el pelo,
generosa cabellera
que acariciará la espalda
de la morocha muñeca.
Hoy le tallará los pechos
y a la tarde las caderas,
mañana tal vez las nalgas
y piernas estén completas,
puede ser que para el jueves
la Diosa aparezca entera.
Le pasará lija suave
y la frotará (¡quién pudiera!)
acariciando con estopa
impregnada en carnauba
para que brille cual perla...
¡Perla negra cautivante,
adorable Venus negra
seductora y misteriosa
cual la luna misionera!
¿Por qué invades mis sueños
y me afiebras? Tal vez pueda
tallarte en el corazón
una imagen mía, muñeca.
Tal vez nunca te enamore
tal vez, antes de que muera
tú puedas tallarme un beso
en mi boca de madera...
Eduardo A. Morguenstern
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