ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Apoyado en un tango algo sombrío
como si fuera un farol francés de los de antes,
de los que se fueron con la Corrientes que era angosta
tu presencia otrora pintoresca
se apaga patética y lentamente
mientras se confunde con inquietas formas
que salen a fumar a la vereda
respetando la prohibición en interiores.
No hay cuchillos y es tan otra la violencia
que quedó pequeña la patota tuya.
Los machos lo son menos estos tiempos
pero no por ello seguro menos hombres,
aunque se saluden con un beso en los encuentros.
Las mujeres no son lindos ornamentos
merecedores de la defensa del más taita
y se comienza a respetarlas por ser pares.
Buenos Aires va mostrando nueva cara
y el obelisco o tiene luces o guirnaldas,
hay barrios nuevos y otros donde no tenés cabida
sin contar Palermo Hollywood, Puerto Madero.
Nostalgia era la de antes compañero,
como cuando la contaba el tango rante,
aquel que te podía hacer nublar la vista
y que ahora es música de turistas japoneses,
mientras salen de las ventanas de los barrios
acordes de bailanta de cumbia y cuartetera.
Ahora abundan y pululan tanguerías
en donde cantan y bailan disfrazados
y garpan en verde los mismos consumidores
que sacaron fotos de puertas, ventanas y baldosas.
Chau hermano, estaba cantada tu partida:
del que talló y pudo hacer renombre,
del que supo dar letra y sentido a la milonga,
de aquel de las mil minas de las más preciosas
y de la mamá sagrada como ley divina,
de aquel noble varón mencionado con respeto
y que luego fue lamento por destiempo y añoranza
cantado con tristeza y con recuerdo en varios tangos,
ahora, en esta nueva y hermosa Buenos Aires
no queda más que un payaso cocoliche
peor que el que hacía piruetas y caídas
en el circo que se llamaba Sarrasani
o algo así. Me lo contó mi abuelo, que ya ha muerto.
como si fuera un farol francés de los de antes,
de los que se fueron con la Corrientes que era angosta
tu presencia otrora pintoresca
se apaga patética y lentamente
mientras se confunde con inquietas formas
que salen a fumar a la vereda
respetando la prohibición en interiores.
No hay cuchillos y es tan otra la violencia
que quedó pequeña la patota tuya.
Los machos lo son menos estos tiempos
pero no por ello seguro menos hombres,
aunque se saluden con un beso en los encuentros.
Las mujeres no son lindos ornamentos
merecedores de la defensa del más taita
y se comienza a respetarlas por ser pares.
Buenos Aires va mostrando nueva cara
y el obelisco o tiene luces o guirnaldas,
hay barrios nuevos y otros donde no tenés cabida
sin contar Palermo Hollywood, Puerto Madero.
Nostalgia era la de antes compañero,
como cuando la contaba el tango rante,
aquel que te podía hacer nublar la vista
y que ahora es música de turistas japoneses,
mientras salen de las ventanas de los barrios
acordes de bailanta de cumbia y cuartetera.
Ahora abundan y pululan tanguerías
en donde cantan y bailan disfrazados
y garpan en verde los mismos consumidores
que sacaron fotos de puertas, ventanas y baldosas.
Chau hermano, estaba cantada tu partida:
del que talló y pudo hacer renombre,
del que supo dar letra y sentido a la milonga,
de aquel de las mil minas de las más preciosas
y de la mamá sagrada como ley divina,
de aquel noble varón mencionado con respeto
y que luego fue lamento por destiempo y añoranza
cantado con tristeza y con recuerdo en varios tangos,
ahora, en esta nueva y hermosa Buenos Aires
no queda más que un payaso cocoliche
peor que el que hacía piruetas y caídas
en el circo que se llamaba Sarrasani
o algo así. Me lo contó mi abuelo, que ya ha muerto.
::