Emauer
Poeta recién llegado
I
Aquí donde la oquedad bebe de mi sangre
en estas horas en que soy un fantasma
deambulando entre las esquinas de un dolor
que marchita mi mirada
hablaré a solas.
Hoy ni siquiera llevo la cuenta de los días
paso entre ellos saboreando mis derrotas
contemplando el abismo.
Estoy sola con el nunca y el jamás
tienen rostros de noches sedientas de cenizas
de pasos perdidos que corrompen mis palabras.
Hay que partir de nuevo
se avecina la memoria y la luz de manos negras que me amaba.
¿Qué voy a hacer?
¿Continuar esta búsqueda de mi misma
en cada rincón de mi cuerpo?
Neurosis, vacíos.
Todavía estoy viva
y me inunda la nostalgia de lo que no tiene remedio.
Odio estos instantes
en los que nada es lo que esperaba.
Mi vida es ese punto exacto en el que morí otro poco.
Donde el miedo
donde la risa, el dolor, la nostalgia
cielo o tierra
¿dónde termina la furia y comienza la tristeza?
Me es difícil dejar de ser niña
y abrazar consciente la agonía
arrastro siempre conmigo misma
con la muerte
con el sombrero de flores
con los zapatos húmedos.
Siempre me gustó que la gente viera a través de mí
como si no existiera
sentirme plenamente anónima
y decir con una sonrisa
el azul es mi color favorito.
La existencia da vueltas alrededor de quien fui
lo que soñé me devora poco a poco
ya no puedo tocar la ausencia tras el espejo
no hay mas rastros de sangre.
Los gritos de la aurora callan
entre los dedos de los cuervos.
Me alejo de la ventana
solo humo y ojos sin tiempo.
De nuevo, olvidar, de nuevo naufrago.
Circulo inconcluso.
Excursiones al vacío.
Odio mi alma y mi cuerpo
la ausencia de todo, de todos,
de mi misma, el muro, las sombras,
las manchas que dejan las lágrimas entre las sabanas.
Dejo que el miedo crezca
me encierro en mi misma
el mundo no existe mas.
Emauer
Aquí donde la oquedad bebe de mi sangre
en estas horas en que soy un fantasma
deambulando entre las esquinas de un dolor
que marchita mi mirada
hablaré a solas.
Hoy ni siquiera llevo la cuenta de los días
paso entre ellos saboreando mis derrotas
contemplando el abismo.
Estoy sola con el nunca y el jamás
tienen rostros de noches sedientas de cenizas
de pasos perdidos que corrompen mis palabras.
Hay que partir de nuevo
se avecina la memoria y la luz de manos negras que me amaba.
¿Qué voy a hacer?
¿Continuar esta búsqueda de mi misma
en cada rincón de mi cuerpo?
Neurosis, vacíos.
Todavía estoy viva
y me inunda la nostalgia de lo que no tiene remedio.
Odio estos instantes
en los que nada es lo que esperaba.
Mi vida es ese punto exacto en el que morí otro poco.
Donde el miedo
donde la risa, el dolor, la nostalgia
cielo o tierra
¿dónde termina la furia y comienza la tristeza?
Me es difícil dejar de ser niña
y abrazar consciente la agonía
arrastro siempre conmigo misma
con la muerte
con el sombrero de flores
con los zapatos húmedos.
Siempre me gustó que la gente viera a través de mí
como si no existiera
sentirme plenamente anónima
y decir con una sonrisa
el azul es mi color favorito.
La existencia da vueltas alrededor de quien fui
lo que soñé me devora poco a poco
ya no puedo tocar la ausencia tras el espejo
no hay mas rastros de sangre.
Los gritos de la aurora callan
entre los dedos de los cuervos.
Me alejo de la ventana
solo humo y ojos sin tiempo.
De nuevo, olvidar, de nuevo naufrago.
Circulo inconcluso.
Excursiones al vacío.
Odio mi alma y mi cuerpo
la ausencia de todo, de todos,
de mi misma, el muro, las sombras,
las manchas que dejan las lágrimas entre las sabanas.
Dejo que el miedo crezca
me encierro en mi misma
el mundo no existe mas.
Emauer
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