Emauer
Poeta recién llegado
I
Soy de Nuevo aquella que no existe.
Mis viejas manos se disuelven anónimas.
Escucho una voz que no es mia, pero sale de mí. Habla a los seis condenados. Somos siete que no existimos. Vagamos por calles que no nos miran, pobladas de ancianos tristes, de niños sin bicicletas.
Sigo caminando. Un perro me sigue. Ladra a las ratas. Va mordiendo las flores que respiran, que se ahogan, algunas abren sus labios para complacerlo. El miedo se compra en la esquina, dijo con su lengua en mis rodillas. Huí.
Regreso al silencio, mientras fuera de mí, la lluvia se puebla de nuevo y los jardines existen en un vaso de agua y cenizas.
En el techo, el nombre de la suicida acecha.
Emauer
Soy de Nuevo aquella que no existe.
Mis viejas manos se disuelven anónimas.
Escucho una voz que no es mia, pero sale de mí. Habla a los seis condenados. Somos siete que no existimos. Vagamos por calles que no nos miran, pobladas de ancianos tristes, de niños sin bicicletas.
Sigo caminando. Un perro me sigue. Ladra a las ratas. Va mordiendo las flores que respiran, que se ahogan, algunas abren sus labios para complacerlo. El miedo se compra en la esquina, dijo con su lengua en mis rodillas. Huí.
Regreso al silencio, mientras fuera de mí, la lluvia se puebla de nuevo y los jardines existen en un vaso de agua y cenizas.
En el techo, el nombre de la suicida acecha.
Emauer