En los jardines de nácar
yacen eternos durmientes
los ojos huecos y sordos
descansan en ciego vientre
y la piel surcan hambrientos,
los purulentos jinetes.
Duerme tísica la Diosa
ya sin cielos ni laureles,
los labios de ruina grana
nutren los vanos placeres
de las golosas esquirlas
que alojan rancia cimiente,
y los femeniles frutos
se hinchan con agria leche,
creando horrenda moldura;
morada de infectos peces
y el pubis de amargos labios
su ramaje apenas tiene.
Deshecha flor de ámbar
en silencio sólo duerme.
yacen eternos durmientes
los ojos huecos y sordos
descansan en ciego vientre
y la piel surcan hambrientos,
los purulentos jinetes.
Duerme tísica la Diosa
ya sin cielos ni laureles,
los labios de ruina grana
nutren los vanos placeres
de las golosas esquirlas
que alojan rancia cimiente,
y los femeniles frutos
se hinchan con agria leche,
creando horrenda moldura;
morada de infectos peces
y el pubis de amargos labios
su ramaje apenas tiene.
Deshecha flor de ámbar
en silencio sólo duerme.