chc
Christian
Tu ausencia es una imponderable secuela
que se clava filosa en mi memoria.
Pero a veces se convierte
tan sólo en desencuentro,
o en esa inexplorada condición invisible
a pesar del cuerpo.
Entonces defiendo,
muy a pesar de la mayoría,
lo que es indefendible
según los ignorantes.
Y convierto esta necesidad gustosa
de abrazar tu lejanía,
en una súplica silenciosa
con cien rosarios por penitencia.
Y descreo del desencanto
por más real que parezca,
y demoro el llanto
por ahorrar emoción para tu vuelta.
Voy esquivando las conjeturas
de las que se alimenta el miedo,
y se acelera la agonía
detrás de cada uno de mis pasos.
Y mueren entre gestos de desaire,
marchitos de indiferencia,
los ignorantes.
Y muere todo aquello que se empeña
en hacer del entendimiento
la guía lumínica de mi realidad sombría.
Porque si soy un ciego
entonces no veré ni veo,
pero no será la razón la que me salve.
Tu ausencia es una estúpida creencia,
un oasis de mi memoria desértica,
una cómica representación en un acto
de lo absurdo de la idea.
Pero a veces se convierte
en una cruda calamidad
que se come viva la esperanza
sin saborearla siquiera.
Es una ráfaga mortal
que pasa sus manos frías
sobre los párpados de mi espera.
Una incontenible represión
que disgrega la multitud
de noches y tardes,
que noche tras noche
y tarde tras tarde
marchan a favor de tu atención.
Y podrá parecer la ingratitud
según los ya muertos ignorantes,
la corriente moneda que se arroja
a la mano temblorosa de ese amor indigente.
Sin embargo sé por ciego,
y porque no ver
engrandeció en mi lo que se siente,
que las manos que me miran
sólo buscan la calma.
Tu ausencia es la bisagra
entre la crueldad y la dulzura,
entre tu pasión y mi alma,
y es una suerte tu ausencia,
y una suerte de desgracia
que camina en la cornisa
del te tengo y del te pierdo.
La que me arma como soldado
y me desarma como prisionero,
la que hace que extrañarte
se vista de presagio,
y la que, mientras pasa
provoca que te llore un te quiero.
Por lo tanto ya tu ausencia
me aburre y me congela,
me defiende, me conserva,
me consume, me adormece,
me aniquila, me conmueve,
me levanta, me consuela
por lo pronto pasa pronto
pero a veces dura mucho
es una imponderable secuela.
que se clava filosa en mi memoria.
Pero a veces se convierte
tan sólo en desencuentro,
o en esa inexplorada condición invisible
a pesar del cuerpo.
Entonces defiendo,
muy a pesar de la mayoría,
lo que es indefendible
según los ignorantes.
Y convierto esta necesidad gustosa
de abrazar tu lejanía,
en una súplica silenciosa
con cien rosarios por penitencia.
Y descreo del desencanto
por más real que parezca,
y demoro el llanto
por ahorrar emoción para tu vuelta.
Voy esquivando las conjeturas
de las que se alimenta el miedo,
y se acelera la agonía
detrás de cada uno de mis pasos.
Y mueren entre gestos de desaire,
marchitos de indiferencia,
los ignorantes.
Y muere todo aquello que se empeña
en hacer del entendimiento
la guía lumínica de mi realidad sombría.
Porque si soy un ciego
entonces no veré ni veo,
pero no será la razón la que me salve.
Tu ausencia es una estúpida creencia,
un oasis de mi memoria desértica,
una cómica representación en un acto
de lo absurdo de la idea.
Pero a veces se convierte
en una cruda calamidad
que se come viva la esperanza
sin saborearla siquiera.
Es una ráfaga mortal
que pasa sus manos frías
sobre los párpados de mi espera.
Una incontenible represión
que disgrega la multitud
de noches y tardes,
que noche tras noche
y tarde tras tarde
marchan a favor de tu atención.
Y podrá parecer la ingratitud
según los ya muertos ignorantes,
la corriente moneda que se arroja
a la mano temblorosa de ese amor indigente.
Sin embargo sé por ciego,
y porque no ver
engrandeció en mi lo que se siente,
que las manos que me miran
sólo buscan la calma.
Tu ausencia es la bisagra
entre la crueldad y la dulzura,
entre tu pasión y mi alma,
y es una suerte tu ausencia,
y una suerte de desgracia
que camina en la cornisa
del te tengo y del te pierdo.
La que me arma como soldado
y me desarma como prisionero,
la que hace que extrañarte
se vista de presagio,
y la que, mientras pasa
provoca que te llore un te quiero.
Por lo tanto ya tu ausencia
me aburre y me congela,
me defiende, me conserva,
me consume, me adormece,
me aniquila, me conmueve,
me levanta, me consuela
por lo pronto pasa pronto
pero a veces dura mucho
es una imponderable secuela.