Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cada poro de mi piel exuda miedo
Cada papila de mi lengua, destila hiel
Desilusionada, y herida con fuego,
intento escribir versos sobre mi piel
¡Razón tenían todos!
Ninguno me mentía...
-El amor es cosa de locos-
y por cuerda, de mi nadie se fía,
aunque no me coma los mocos
La vida me presentó la flama
y hundí en ella mis manos;
llenaronse mis dedos de llagas
Llenaronse mis manos de callos
Tú, dijiste todo ayer
Yo, lo recordaré mañana
Y hoy, que no es antes sino después,
mi amor murió en tu flama;
pues de traiciones y jugarretas, fuiste juez,
con insensibilidad, a lo que supuestamente, respetabas
No hay fuerza, no hay ilusión...
¡No hay nada!
Solo quejas, dolor
y unas ganas derramadas
Sueños vencidos por el miedo,
por la terca expresión, que a ti te aparta ,
de sentir, de amar, de comprometer ,
desde el dedo hasta la entraña
Cuesta quejarse tanto, y sentir tu olvido.
Cuesta interiorizar que nunca hubo nido.
Que nunca me quisiste o algo parecido,
que todo fue, sólo un acto fingido
No hay vergüenza, no hay orgullo.
No hay pecado, no hay difunto
No hay nada de nada, ¡ni un murmullo!
y ese es el gran asunto
Me he quedado, varada en un abismo,
en un recinto, supongo parecido al limbo
Duele el pecho,
se acorta la respiración,
cierro los ojos,
no hay pensamiento
Solo la improvisación de ocho locos,
que embravecidos,
entusiastas de venganza
-por quemados, por sufridos-
no atinan a recursos, sino a esta opción dramática
Ni siquiera con el más mínimo disimulo.
Descorrida la tristeza, llora el silencio.
Descosidos andan el celo, y el desprecio
Y la angustia se agiganta pendenciera,
destrozando las neuronas y el alma del que quiera
Duerme el amor en un insólito recodo.
Guardada la esperanza bajo llave, y sin apoyo
Vino el Santo por su limosna
-por la promesa no pagada-
vino el diablo por su hijastra
Tronó el cielo y danzó la parca
Hay regocijo en el país de los patriarcas
En la tierra del sacrificio,
hoy matarán al que calle;
¡a gritar!, ¡que el verdugo se espante!
Qué si has de morir bajo el hacha,
que se diga que luchaste
Versos locos, de una loca,
que asustada de si misma,
se esconde tras sus estrofas
Que acorrala el sentimiento
-que siempre se le desboca-
¡Maten a ese cretino!,
pues siempre tira la gorra
¡Los canallas han levantado la carpa!
Y a los niños ya durmieron,
con envenenadas pasas
Ya se monta, el perro infame,
sobre su fiel dueño de la infancia.
Ya se mete dentro del queso la mosca,
y se lo come el ratón, con arrogancia
Las vírgenes han sido decapitadas
-no gritaron por penosas, o atontadas-
¡Bien que se las llevó la parca!.
¡Por calladas!.
Si no gritas tus derechos,
cuando te acorralan y desplazan,
entonces qué bien es cierto,
que la ley es para nada
Ciega quisiera volverme,
y después de ciega manca,
para no tener ni fuerzas
de tocar estas malditas tablas.
A dónde irá a dar el sentimiento perdido
¿Habrá un cementerio de amores?,
dónde el de amores proscritos
¡Dónde el de los perdedores!
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Cada papila de mi lengua, destila hiel
Desilusionada, y herida con fuego,
intento escribir versos sobre mi piel
¡Razón tenían todos!
Ninguno me mentía...
-El amor es cosa de locos-
y por cuerda, de mi nadie se fía,
aunque no me coma los mocos
La vida me presentó la flama
y hundí en ella mis manos;
llenaronse mis dedos de llagas
Llenaronse mis manos de callos
Tú, dijiste todo ayer
Yo, lo recordaré mañana
Y hoy, que no es antes sino después,
mi amor murió en tu flama;
pues de traiciones y jugarretas, fuiste juez,
con insensibilidad, a lo que supuestamente, respetabas
No hay fuerza, no hay ilusión...
¡No hay nada!
Solo quejas, dolor
y unas ganas derramadas
Sueños vencidos por el miedo,
por la terca expresión, que a ti te aparta ,
de sentir, de amar, de comprometer ,
desde el dedo hasta la entraña
Cuesta quejarse tanto, y sentir tu olvido.
Cuesta interiorizar que nunca hubo nido.
Que nunca me quisiste o algo parecido,
que todo fue, sólo un acto fingido
No hay vergüenza, no hay orgullo.
No hay pecado, no hay difunto
No hay nada de nada, ¡ni un murmullo!
y ese es el gran asunto
Me he quedado, varada en un abismo,
en un recinto, supongo parecido al limbo
Duele el pecho,
se acorta la respiración,
cierro los ojos,
no hay pensamiento
Solo la improvisación de ocho locos,
que embravecidos,
entusiastas de venganza
-por quemados, por sufridos-
no atinan a recursos, sino a esta opción dramática
Ni siquiera con el más mínimo disimulo.
Descorrida la tristeza, llora el silencio.
Descosidos andan el celo, y el desprecio
Y la angustia se agiganta pendenciera,
destrozando las neuronas y el alma del que quiera
Duerme el amor en un insólito recodo.
Guardada la esperanza bajo llave, y sin apoyo
Vino el Santo por su limosna
-por la promesa no pagada-
vino el diablo por su hijastra
Tronó el cielo y danzó la parca
Hay regocijo en el país de los patriarcas
En la tierra del sacrificio,
hoy matarán al que calle;
¡a gritar!, ¡que el verdugo se espante!
Qué si has de morir bajo el hacha,
que se diga que luchaste
Versos locos, de una loca,
que asustada de si misma,
se esconde tras sus estrofas
Que acorrala el sentimiento
-que siempre se le desboca-
¡Maten a ese cretino!,
pues siempre tira la gorra
¡Los canallas han levantado la carpa!
Y a los niños ya durmieron,
con envenenadas pasas
Ya se monta, el perro infame,
sobre su fiel dueño de la infancia.
Ya se mete dentro del queso la mosca,
y se lo come el ratón, con arrogancia
Las vírgenes han sido decapitadas
-no gritaron por penosas, o atontadas-
¡Bien que se las llevó la parca!.
¡Por calladas!.
Si no gritas tus derechos,
cuando te acorralan y desplazan,
entonces qué bien es cierto,
que la ley es para nada
Ciega quisiera volverme,
y después de ciega manca,
para no tener ni fuerzas
de tocar estas malditas tablas.
A dónde irá a dar el sentimiento perdido
¿Habrá un cementerio de amores?,
dónde el de amores proscritos
¡Dónde el de los perdedores!
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