Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy tuve el descaro de amanecer bello
y no porque mis ojos se vean de miel,
si no, porque la hiel,
que hasta hace un rato permanecía asentada,
se ha tornado dulce con el color de tu mirada.
Hoy tuve la desfachatez de levantarme hermoso
y no porque mi pelo desgreñado, con mi barba dispareja,
se vistan con un suave rocío de nieve,
si no, porque deseo seducir tus caricias,
hasta que mi alma ruede extasiada.
Hoy tuve la desvergüenza de sonreír al alba
y no porque mi nariz sobresaliente,
no quepa en el perfil de una mujer,
si no, porque pretendo embriagarme con el perfume de tu savia,
hasta cuando la noche caiga rendida ante mi magia.
Hoy tuve la insolencia de mostrarme primoroso,
y no porque mi hombría se yerga maravillosa y firme,
si no, porque anhelo tus manos como ungüentos,
para que sanen mis piernas hasta hace un tiempo atrofiadas,
estallando soberbio en medio de tu mirada.
Hoy tuve la frescura ,
que dentro de mi boca se bañen palabras
y no para que mi aliado silencio empolve mis letras,
si no, para que mi río se riegue arrebatado en tu estanque
y conjugues cada una de mis gotas dentro de tus aguas
y no porque mis ojos se vean de miel,
si no, porque la hiel,
que hasta hace un rato permanecía asentada,
se ha tornado dulce con el color de tu mirada.
Hoy tuve la desfachatez de levantarme hermoso
y no porque mi pelo desgreñado, con mi barba dispareja,
se vistan con un suave rocío de nieve,
si no, porque deseo seducir tus caricias,
hasta que mi alma ruede extasiada.
Hoy tuve la desvergüenza de sonreír al alba
y no porque mi nariz sobresaliente,
no quepa en el perfil de una mujer,
si no, porque pretendo embriagarme con el perfume de tu savia,
hasta cuando la noche caiga rendida ante mi magia.
Hoy tuve la insolencia de mostrarme primoroso,
y no porque mi hombría se yerga maravillosa y firme,
si no, porque anhelo tus manos como ungüentos,
para que sanen mis piernas hasta hace un tiempo atrofiadas,
estallando soberbio en medio de tu mirada.
Hoy tuve la frescura ,
que dentro de mi boca se bañen palabras
y no para que mi aliado silencio empolve mis letras,
si no, para que mi río se riegue arrebatado en tu estanque
y conjugues cada una de mis gotas dentro de tus aguas