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Un nido bajo el sauce

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

Bajo el sauce, pañuelo verde de la plaza,

donde el sol se filtra en gotas de rocío,

así estamos tú y yo, y la vida, se desplaza,

y el mundo exterior es sólo un ruido vacío.


El tráfico muerde el aire, ronco y violento,

cláxones, prisas, motores, el sonido satura,

pero ese estruendo es un sutil lamento

ante la paz que tu mirada me augura.


No pueden esos decibelios, muros de sonido hostil,

quebrar el cerco de caricias que tejemos.

¡Que ruja la ciudad su destino gentil,

si es aquí, a tu lado, donde nos detendremos!


Nuestras muestras de amor, un lenguaje clandestino,

se leen en la mano que aprieta y se confía,

en el beso robado, breve y cristalino,

que desafía el tiempo y toda algarabía.


Esta concurrida plaza, nos devuelva los ecos

de pasos, de murmullos que llegan y pasan;

bajo este árbol, somos dos universos huecos

donde sólo el amor y el silencio descansan.


Siga el ruido, si se obstina, que continúe el viaje.

Somos un centro quieto en el ojo del huracán,

tu amor es el único y verdadero peaje

que mi alma paga, y que jamás cobrarán.


Y así, mientras el mundo se pierde en su porfía,

bajo el sauce sereno seremos un altar;

tú mi refugio eterno, yo tu dulce guía,


donde el tiempo se rinde y se olvida de andar.
 
Última edición:

Bajo el sauce, pañuelo verde de la plaza,

donde el sol se filtra en gotas de rocío,

así estamos tú y yo, y la vida, se desplaza,

y el mundo exterior es sólo un ruido vacío.


El tráfico muerde el aire, ronco y violento,

cláxones, prisas, motores, el sonido satura,

pero ese estruendo es un sutil lamento

ante la paz que tu mirada me augura.


No pueden esos decibelios, muros de sonido hostil,

quebrar el cerco de caricias que tejemos.

¡Que ruja la ciudad su destino gentil,

si es aquí, a tu lado, donde nos detendremos!


Nuestras muestras de amor, un lenguaje clandestino,

se leen en la mano que aprieta y se confía,

en el beso robado, breve y cristalino,

que desafía el tiempo y toda algarabía.


Esta concurrida plaza, nos devuelva los ecos

de pasos, de murmullos que llegan y pasan;

bajo este árbol, somos dos universos huecos

donde sólo el amor y el silencio descansan.


Siga el ruido, si se obstina, que continúe el viaje.

Somos un centro quieto en el ojo del huracán,

tu amor es el único y verdadero peaje

que mi alma paga, y que jamás cobrarán.


Y así, mientras el mundo se pierde en su porfía,

bajo el sauce sereno seremos un altar;

tú mi refugio eterno, yo tu dulce guía,


donde el tiempo se rinde y se olvida de andar.
La tranquilidad de dos amantes con el bullicio del tráfico y la vida urbana.

Saludos
 
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