poetakabik
Poeta veterano en el portal
Eres la sed que me habita
cuando la noche se inclina,
la llama que en mis entrañas
arde sin hacer ceniza.
Tu cuerpo, tierra encendida,
me reclama y me aproxima,
y en su mapa voy perdiendo
la razón… y la medida.
No hay distancia entre tu aliento
y la voz de mi saliva,
cuando tu boca me nombra
y mi piel se precipita.
Se me derrama la sangre
en la curva de tu vida,
y en el pulso de tus muslos
mi destino se arrodilla.
No es pecado lo que nace
cuando el deseo nos mira,
es la verdad más profunda
hecha carne… y compartida.
Y en el vaivén de los cuerpos,
sin pasado ni consigna,
somos dos fuegos que aprenden
a quemarse sin ceniza.
cuando la noche se inclina,
la llama que en mis entrañas
arde sin hacer ceniza.
Tu cuerpo, tierra encendida,
me reclama y me aproxima,
y en su mapa voy perdiendo
la razón… y la medida.
No hay distancia entre tu aliento
y la voz de mi saliva,
cuando tu boca me nombra
y mi piel se precipita.
Se me derrama la sangre
en la curva de tu vida,
y en el pulso de tus muslos
mi destino se arrodilla.
No es pecado lo que nace
cuando el deseo nos mira,
es la verdad más profunda
hecha carne… y compartida.
Y en el vaivén de los cuerpos,
sin pasado ni consigna,
somos dos fuegos que aprenden
a quemarse sin ceniza.
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