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La medina de mi existencia

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

El eco de los pasos, un mapa que no existe,

en la medina gris donde el alma se tuerce,

el espectro de un nombre, yo, que insiste,

el hilo de humo que la memoria ejerce.


No hay muros, solo líneas de una geometría errante,

que dibuja en el aire el perfil de un recuerdo,

en el punto ciego que soy, un instante,

el eco de un verso que no entiendo.


La luz es un concepto, no un destello,

que se filtra en el vacío de un ser sin forma,

la ausencia de un rostro, soy un murmullo,

la sombra que habita en una norma.


El tiempo se pliega en un acordeón,

la historia es un sueño que se desvanece,

una pregunta soy, que busca un perdón,

la herida que en el laberinto crece.


Un eco de bronce en una fuente seca,

un perfume de menta sin su origen,

la piel que se ha vuelto una biblioteca,

donde las palabras se desdibujan, no surgen.


El rincón es un pliegue en la tela del mundo,

donde el yo y el no-yo se abrazan en silencio,

la pausa entre dos respiraciones, profundo,

el final de mi viaje que no tiene precio.


La medina es espejo de mi propia nada,

un caleidoscopio que gira sin cesar,

soy la pieza que no encaja, pieza olvidada,

arena en la mano que no puedo usar.


La voz del muecín es un color que se escapa,

un sonido sin forma que me define,

la cera que se quema, la gota que se atrapa,

la ausencia de un rostro, un ser que se define.


Soy melodía de un tambor sin ritmo,

arquitectura de un sueño que desmorona,

el laberinto del eco de un abismo,

donde mi identidad se abandona.


No hay calles, solo la idea de un camino,

la abstracción de un viaje hacia el interior,

la esencia que se pierde en mi destino,

el contorno de una idea, el sabor.


El zoco es la sinapsis de un pensamiento,

un flujo de conciencia que no tiene orden,

un destello dentro de un conocimiento,

la forma en unas palabras en desorden.


Me rindo a la niebla de un ser que no soy,

al poema que no se ha escrito, a la voz que no canta,

al vacío que no me llena hoy,

la melodía de una canción que no encanta.


Mi identidad es un fantasma que flota,

en las sombras de un pasado que no fue,

de la huella de una lágrima, la nota rota,

el eco de un eco, el ser que perpetué.


En este rincón, la quietud es un grito,

la medina es el eco de mi propia alma,

el silencio de un rito sobre el infinito,

la calma que busca ese fantasma.


He encontrado mi hogar en el no ser,

en la ausencia, en la inmensidad,

sin identidad, en mi amanecer,

la pura abstracción de la verdad.
 

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