Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al final de la vereda,
tras el último recodo,
me sentaré a aguardarte.
Con la navaja pequeña,
en el cayado tallaré a mi modo
los rasgos de tu semblante.
Sobre el musgo escribiré tu nombre
y pensaré en historias,
en cuentos de siempre y nuevos
que contarte al llegar la noche,
al pie mismo de las acacias,
mientras contemplamos el cielo.
Bajo el firmamento nuestro,
junto al río que marcha,
haremos verso los cantares,
en nuestro juego siempre maestros
en tiernas estrofas de agua,
memoria de instantes familiares.
Al final del sendero,
sin prisas ni impaciencias,
con todo el tiempo, hija,
con todo mi amor, te espero.
tras el último recodo,
me sentaré a aguardarte.
Con la navaja pequeña,
en el cayado tallaré a mi modo
los rasgos de tu semblante.
Sobre el musgo escribiré tu nombre
y pensaré en historias,
en cuentos de siempre y nuevos
que contarte al llegar la noche,
al pie mismo de las acacias,
mientras contemplamos el cielo.
Bajo el firmamento nuestro,
junto al río que marcha,
haremos verso los cantares,
en nuestro juego siempre maestros
en tiernas estrofas de agua,
memoria de instantes familiares.
Al final del sendero,
sin prisas ni impaciencias,
con todo el tiempo, hija,
con todo mi amor, te espero.