Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Éramos tres…
Y sin embargo, nunca fuimos nosotros.
Tú llegabas cuando yo me estaba yendo,
yo me quedaba cuando él ya no estaba,
y él te encontraba
cuando tú habías dejado de buscarme.
Así…
como mareas que no se tocan,
como estaciones que no coinciden,
como tres cuerpos respirando
en tiempos distintos.
Yo te amé en silencio,
con esa forma lenta de los hombres
que aprenden tarde a nombrar lo que sienten.
Él te amó con urgencia,
como si el tiempo fuera una herida abierta
que había que cerrar con un beso.
Y tú…
tú nos amaste distinto.
A él, con la piel.
A mí, con la ausencia.
Nunca hubo traición.
Eso fue lo más cruel.
Nadie mintió.
Nadie se escondió
Simplemente
nunca coincidimos en el mismo latido.
Hubo una noche…
una sola,
donde estuvimos los tres
bajo el mismo cielo.
Pero ni siquiera entonces
nos pertenecimos.
Porque amar…
no es estar.
Y nosotros…
nunca supimos
cómo llegar al mismo momento.
Hoy…
cuando pienso en ti,
no pienso en él.
Pienso en lo que no fue,
en lo que casi existió,
en ese tercer espacio invisible
donde tal vez
sí éramos nosotros.
Pero ese lugar…
no está en este mundo.
Y sin embargo, nunca fuimos nosotros.
Tú llegabas cuando yo me estaba yendo,
yo me quedaba cuando él ya no estaba,
y él te encontraba
cuando tú habías dejado de buscarme.
Así…
como mareas que no se tocan,
como estaciones que no coinciden,
como tres cuerpos respirando
en tiempos distintos.
Yo te amé en silencio,
con esa forma lenta de los hombres
que aprenden tarde a nombrar lo que sienten.
Él te amó con urgencia,
como si el tiempo fuera una herida abierta
que había que cerrar con un beso.
Y tú…
tú nos amaste distinto.
A él, con la piel.
A mí, con la ausencia.
Nunca hubo traición.
Eso fue lo más cruel.
Nadie mintió.
Nadie se escondió
Simplemente
nunca coincidimos en el mismo latido.
Hubo una noche…
una sola,
donde estuvimos los tres
bajo el mismo cielo.
Pero ni siquiera entonces
nos pertenecimos.
Porque amar…
no es estar.
Y nosotros…
nunca supimos
cómo llegar al mismo momento.
Hoy…
cuando pienso en ti,
no pienso en él.
Pienso en lo que no fue,
en lo que casi existió,
en ese tercer espacio invisible
donde tal vez
sí éramos nosotros.
Pero ese lugar…
no está en este mundo.