Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
Hubo un tiempo
en que caminábamos descalzos.
No por ignorancia,
ni por no saber fabricar calzado,
sino para acariciar la tierra
a cada paso.
La sentíamos tibia,
irregular,
a veces áspera,
y aun así
la acariciábamos.
Como si debajo latiera algo antiguo
que nos reconocía
en ese roce mínimo.
Y nosotros,
sin apuro,
devolvíamos la caricia
con los pies.
No había distancia entonces
entre la tierra y nosotros,
como quien todavía sabe
que la tierra siente.
en que caminábamos descalzos.
No por ignorancia,
ni por no saber fabricar calzado,
sino para acariciar la tierra
a cada paso.
La sentíamos tibia,
irregular,
a veces áspera,
y aun así
la acariciábamos.
Como si debajo latiera algo antiguo
que nos reconocía
en ese roce mínimo.
Y nosotros,
sin apuro,
devolvíamos la caricia
con los pies.
No había distancia entonces
entre la tierra y nosotros,
como quien todavía sabe
que la tierra siente.