La Redota

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Poeta recién llegado
LA REDOTA

La patria no cabe en los corrales de España,
se nos volvió pueblo... ¡caminante y doliente!
Tras el caudillo, la esperanza nos guía,
pero la traición acecha como serpiente...
Carreta que gime bajo el sol de chatarra,
sombras que arrastran sueños y pólvora.
¡Ay, Pueblo Oriental! Tu manto es una lágrima,
y el monte te mira... silencioso y sin fuga.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
No hay retorno... ¡solo el río nos espera!
La sangre que brota del costado de la patria,
¡es semilla roja en la tierra que es frontera!
Ayuí... no es descanso, es espejo de ausencias,
donde el alma se quiebra... sin bandera.
¡Oh, Éxodo amargo! Nuestra fe es la resistencia,
¡aunque el invierno nos robe la pradera!

El portugués ríe desde su cerro altivo,
y el porteño cambia plata por nuestra condena.
Mientras, los piojos tejen su nido vivo
sobre la inocencia de la criatura ajena...
Fogón de raíces con sabor a derrota,
los niños juegan a no tener hambre.
Y el viejo Artigas, con mirada remota,
escucha al río cantar... nombres que nadie nombra.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
La esperanza es un pozo de lágrimas secas...
Somos fantasmas vivos de la Patria Grande,
¡donde hasta el silencio tiene voz de revuelta!
Ayuno... es tierra, es herida que sangra,
espejo oscuro donde el alma se suelta.
Pero en cada huella... ¡la patria se alarga!
Aunque la noche nos cubra de miedo y maleza...
 
LA REDOTA

La patria no cabe en los corrales de España,
se nos volvió pueblo... ¡caminante y doliente!
Tras el caudillo, la esperanza nos guía,
pero la traición acecha como serpiente...
Carreta que gime bajo el sol de chatarra,
sombras que arrastran sueños y pólvora.
¡Ay, Pueblo Oriental! Tu manto es una lágrima,
y el monte te mira... silencioso y sin fuga.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
No hay retorno... ¡solo el río nos espera!
La sangre que brota del costado de la patria,
¡es semilla roja en la tierra que es frontera!
Ayuí... no es descanso, es espejo de ausencias,
donde el alma se quiebra... sin bandera.
¡Oh, Éxodo amargo! Nuestra fe es la resistencia,
¡aunque el invierno nos robe la pradera!

El portugués ríe desde su cerro altivo,
y el porteño cambia plata por nuestra condena.
Mientras, los piojos tejen su nido vivo
sobre la inocencia de la criatura ajena...
Fogón de raíces con sabor a derrota,
los niños juegan a no tener hambre.
Y el viejo Artigas, con mirada remota,
escucha al río cantar... nombres que nadie nombra.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
La esperanza es un pozo de lágrimas secas...
Somos fantasmas vivos de la Patria Grande,
¡donde hasta el silencio tiene voz de revuelta!
Ayuno... es tierra, es herida que sangra,
espejo oscuro donde el alma se suelta.
Pero en cada huella... ¡la patria se alarga!
Aunque la noche nos cubra de miedo y maleza...
Un sentimiento de dolor y resistencia de un pueblo que se ha vuelto migrante y sufriente, guiado por una esperanza que se ve amenazada por la traición.

Saludos
 
LA REDOTA

La patria no cabe en los corrales de España,
se nos volvió pueblo... ¡caminante y doliente!
Tras el caudillo, la esperanza nos guía,
pero la traición acecha como serpiente...
Carreta que gime bajo el sol de chatarra,
sombras que arrastran sueños y pólvora.
¡Ay, Pueblo Oriental! Tu manto es una lágrima,
y el monte te mira... silencioso y sin fuga.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
No hay retorno... ¡solo el río nos espera!
La sangre que brota del costado de la patria,
¡es semilla roja en la tierra que es frontera!
Ayuí... no es descanso, es espejo de ausencias,
donde el alma se quiebra... sin bandera.
¡Oh, Éxodo amargo! Nuestra fe es la resistencia,
¡aunque el invierno nos robe la pradera!

El portugués ríe desde su cerro altivo,
y el porteño cambia plata por nuestra condena.
Mientras, los piojos tejen su nido vivo
sobre la inocencia de la criatura ajena...
Fogón de raíces con sabor a derrota,
los niños juegan a no tener hambre.
Y el viejo Artigas, con mirada remota,
escucha al río cantar... nombres que nadie nombra.

¡Redota! ¡Camino de espinas y barro!
La esperanza es un pozo de lágrimas secas...
Somos fantasmas vivos de la Patria Grande,
¡donde hasta el silencio tiene voz de revuelta!
Ayuno... es tierra, es herida que sangra,
espejo oscuro donde el alma se suelta.
Pero en cada huella... ¡la patria se alarga!
Aunque la noche nos cubra de miedo y maleza...
"¡aunque el invierno nos robe la pradera!"
Saludos, compañero.
 

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