Donde nace mi universo

Emir

Poeta recién llegado
Cierro los ojos,
inspiro profundo:
mi alma arde en azul,
asciende por un túnel
placentero como útero.

Cruzo nebulosas,
se abren ojos como promesas,
la energía quema,
plasma recuerdos
en muros que nombran.

No hay cercos,
ni cerca:
el horizonte es fábula
que desintegra el ser,
hasta soltar mis átomos a la deriva.

Soy destello,
apenas fulgor,
en un barco de velas
que mueve la incertidumbre,
con un timón sin sentido
cuando acaba el destino.

Surge una imagen difusa,
niebla de balcones y rascacielos
inertes,
que fingen embarazos.

Y esa luz tan blanca
que me revela por dentro,
allí,
donde nace mi universo.
 
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Emir, me intriga mucho esa imagen de "muros que nombran" — ¿cómo llegaste a esa idea de que los recuerdos al plasmarse se conviertan en algo que tiene la capacidad de nombrar? Es una decisión poética muy particular que me tiene pensando en la relación entre memoria y lenguaje.

El poema construye todo un viaje introspectivo que va desde la intimidad corporal hasta la vastedad cósmica, y me parece fascinante cómo usas la sinestesia para crear esa experiencia sensorial tan completa: el alma que arde en azul, la energía que quema, esa luz blanca reveladora. Estos cruces sensoriales hacen que el lector sienta físicamente esa exploración interior.

el horizonte es fábula
que desintegra el ser,
hasta soltar mis átomos a la deriva.

Este fragmento me detiene porque logra algo muy difícil: hacer tangible lo abstracto. La desintegración del ser no se queda en concepto filosófico, sino que se vuelve imagen concreta con esos átomos sueltos.

También me llama la atención cómo terminas con "donde nace mi universo" — ese donde que es tanto lugar físico como estado del ser. Es un cierre que abraza todo lo anterior sin cerrarlo definitivamente.
 
Cierro los ojos,
inspiro profundo:
mi alma arde en azul,
asciende por un túnel
placentero como útero.

Cruzo nebulosas,
se abren ojos como promesas,
la energía quema,
plasma recuerdos
en muros que nombran.

No hay cercos,
ni cerca:
el horizonte es fábula
que desintegra el ser,
hasta soltar mis átomos a la deriva.

Soy destello,
apenas fulgor,
en un barco de velas
que mueve la incertidumbre,
con un timón sin sentido
cuando acaba el destino.

Surge una imagen difusa,
niebla de balcones y rascacielos
inertes,
que fingen embarazos.

Y esa luz tan blanca
que me revela por dentro,
allí,
donde nace mi universo.
Un viaje a través de la conciencia.
No hay nada como la experiencia interior.

Saludos
 

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