victorialozano
Poeta recién llegado
Desnudando el amor
Un día entendí
que el amor nunca fue lo que nos enseñaron.
No eran flores,
ni promesas eternas dichas por costumbre,
ni dos personas tomándose de la mano
para no sentirse solas.
El amor…
era algo mucho más profundo,
algo tan inmenso
que el lenguaje humano todavía no aprendió a nombrarlo.
Porque existe un instante —
uno solo—
en el que dos almas se reconocen,
y en ese segundo
el universo entero cambia de forma.
Nadie habla de eso.
Nadie habla
de cómo una persona puede llegar
y tocar heridas
que ni siquiera sabías que seguían abiertas.
Nadie habla
de cómo alguien puede abrazarte
y hacer que tu infancia triste deje de llorar por un momento.
Ni de cómo una mirada sincera
puede salvar a alguien
más que mil consejos.
Creo que el amor verdadero
es el descubrimiento más importante de la humanidad,
pero vivimos tan distraídos
que lo confundimos con costumbre, deseo o miedo a perder.
Porque amar de verdad
es desnudarse frente al alma de alguien
sin esconder la oscuridad.
Es decir:
“ésta es mi tristeza,
éste mi pasado,
éste mi miedo a no ser suficiente”,
y aun así
ser abrazado como si fueras un milagro.
Y quizás ahí está el secreto jamás descubierto:
que el ser humano no vino al mundo
solamente para sobrevivir,
trabajar, dormir y morir.
Tal vez vinimos
para encontrarnos.
Para mirar a alguien un día
y sentir que, después de tantas guerras internas,
por fin llegamos a casa.
Porque cuando el amor es real,
ocurre algo que la ciencia jamás podrá explicar:
dos corazones empiezan a salvarse mutuamente
sin hacer ruido.
Y el mundo cambia,
aunque nadie lo note.
Quizás por eso
las personas más recordadas no son las más famosas,
sino las que hicieron sentir amado a alguien
cuando estaba a punto de romperse.
Desnudando el amor entendí
que el alma también tiene piel,
y hay personas
que pueden tocarla para siempre.
Un día entendí
que el amor nunca fue lo que nos enseñaron.
No eran flores,
ni promesas eternas dichas por costumbre,
ni dos personas tomándose de la mano
para no sentirse solas.
El amor…
era algo mucho más profundo,
algo tan inmenso
que el lenguaje humano todavía no aprendió a nombrarlo.
Porque existe un instante —
uno solo—
en el que dos almas se reconocen,
y en ese segundo
el universo entero cambia de forma.
Nadie habla de eso.
Nadie habla
de cómo una persona puede llegar
y tocar heridas
que ni siquiera sabías que seguían abiertas.
Nadie habla
de cómo alguien puede abrazarte
y hacer que tu infancia triste deje de llorar por un momento.
Ni de cómo una mirada sincera
puede salvar a alguien
más que mil consejos.
Creo que el amor verdadero
es el descubrimiento más importante de la humanidad,
pero vivimos tan distraídos
que lo confundimos con costumbre, deseo o miedo a perder.
Porque amar de verdad
es desnudarse frente al alma de alguien
sin esconder la oscuridad.
Es decir:
“ésta es mi tristeza,
éste mi pasado,
éste mi miedo a no ser suficiente”,
y aun así
ser abrazado como si fueras un milagro.
Y quizás ahí está el secreto jamás descubierto:
que el ser humano no vino al mundo
solamente para sobrevivir,
trabajar, dormir y morir.
Tal vez vinimos
para encontrarnos.
Para mirar a alguien un día
y sentir que, después de tantas guerras internas,
por fin llegamos a casa.
Porque cuando el amor es real,
ocurre algo que la ciencia jamás podrá explicar:
dos corazones empiezan a salvarse mutuamente
sin hacer ruido.
Y el mundo cambia,
aunque nadie lo note.
Quizás por eso
las personas más recordadas no son las más famosas,
sino las que hicieron sentir amado a alguien
cuando estaba a punto de romperse.
Desnudando el amor entendí
que el alma también tiene piel,
y hay personas
que pueden tocarla para siempre.