TOC

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FanÁngel

Poeta recién llegado
Hay un pensamiento obsesivo
que no abandona mi cabeza.
Intento lavarlo: meto
la cabeza en la lavadora
con un programa largo,
a ver si así mi cabeza
se despeja. Pero la obsesión
me consume aún más; no puede
estarse quieta en mi cabeza.

Entonces hago el pino
quince minutos, a ver si con
la acumulación de sangre
en mi cabeza esta se vacía
de pensamientos obsesivo-compulsivos.
Mas nada; ninguno de mis métodos
funciona. Me hago acupuntura
a mí mismo clavándome agujas
en las sienes; el dolor por hacerlo
mal vacía mi cabeza por momentos
de pensamientos obsesivos.
Algo logro con esto, pero el
dolor se hace tan insoportable
que tengo que descartar también
este método.

La medicación
que tomo desde hace años,
que me recetó el psiquiatra,
no me hace efecto. He probado
con tomar el doble de la dosis
que pone en la receta, pero
no experimento ningún cambio.
Todo sigue igual.
O más bien parece que la enfermedad
se agrava más.

Mi obsesión crece día a día.
Voy a mis sesiones semanales
de terapia, pero no me ayudan;
practico la meditación zen,
hago yoga, hasta acudo
a la consulta de un fisioterapeuta
y un osteópata, pero mi obsesión
se agranda cada vez más.
No sé qué hacer.
Estoy desesperado.
He probado ya con todo:
la alopatía, la medicina
alternativa, la homeopatía,
la medicina holística,
la naturopatía, la aromaterapia...
Pero nada de esto me ayuda.
El suicidio me ronda
por la cabeza.
Ya no aguanto más.

Pero entonces, un amigo,
Juan, que es médico de familia,
me dice que lo que tengo
que hacer es dejar de tomar
la medicación que me recetó
el psiquiatra y ver si, de esta
manera, se produce algún cambio.
No importa, me dice, si me agrava
los síntomas de mi obsesión,
porque de lo que se trata
es de ver si con esto
se reducen.

Como no tengo nada que perder,
hago lo que Juan me dice.
Los primeros días sin tomar
la medicación no experimento
ningún cambio; pero a la semana
noto como que la mente se va
despejando. Mi obsesión está
desapareciendo.
A las dos semanas
puedo decir, sin ningún género
de duda, que ya estoy curado.
Es increíble.
No me lo puedo creer.
Me he curado de un TOC
dejando, simplemente,
de tomar la medicación.

Estoy entusiasmado.
Salto de alegría.
En mi regocijo,
sin darme cuenta,
vuelvo a meter
la cabeza en la lavadora,
hago el pino durante
quince minutos, me clavo
agujas en las sienes...
pero vivo feliz en mi alegría.
 

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