Angelie López Sánchez
Poeta recién llegado
¿Cuántas veces me dije a mí misma que
no iba a escribir sobre mi bandera?
Mil veces lo enterré bajo las cenizas,
pero en mí brotaba una candela
que no se apaga ni al paso de una tormenta.
Me pasé alcoholado,
me emborraché con mis llantos.
Me ahogué con saliva,
y respiré hondo.
Tuve miedo,
tuve pánico.
No volví a volar.
En mi pecho una ruina,
por mi piel hormigas.
En mi mente una nube,
como los hilos de una tejedora.
Es como exprimir cristales entre mis manos.
No solo exploto en sangre,
de mí sale un universo de ensalada
y vegetales mixtos.
Odio los vegetales,
odio la textura
y el sabor.
Pero es la causa y el efecto
de lo que no puedo cambiar.
Siempre lo he dicho,
es una sombra que me persigue.
Viene con el caldero en las manos,
raspando el pegao’.
no iba a escribir sobre mi bandera?
Mil veces lo enterré bajo las cenizas,
pero en mí brotaba una candela
que no se apaga ni al paso de una tormenta.
Me pasé alcoholado,
me emborraché con mis llantos.
Me ahogué con saliva,
y respiré hondo.
Tuve miedo,
tuve pánico.
No volví a volar.
En mi pecho una ruina,
por mi piel hormigas.
En mi mente una nube,
como los hilos de una tejedora.
Es como exprimir cristales entre mis manos.
No solo exploto en sangre,
de mí sale un universo de ensalada
y vegetales mixtos.
Odio los vegetales,
odio la textura
y el sabor.
Pero es la causa y el efecto
de lo que no puedo cambiar.
Siempre lo he dicho,
es una sombra que me persigue.
Viene con el caldero en las manos,
raspando el pegao’.