Tantas veces he llorado
el veneno de un beso falso
sin conocer del destino
el amor que tanto espero.
Me pesa en la vida el ancla
de plomo de este tormento,
por haber sembrado lamentos
en la juventud del viento.
Ahora, con el rancio invierno
y al final del ácido camino,
miro hacia atrás con el dolor
de quien no amó cuando pudo.
Mi memoria te confieso:
y sé que abrazas mis sombras
a pesar de ofrecerte solo rosas
llenas de viejas espinas.
******
Última edición: