Jabalina y sus jabatos

Andrik Navarrete Arias

Poeta recién llegado
Jabatos dulces y redondos juegan,
cuidados por esos ojos maternos;
corretean en el pasto, se entregan
luego, a esos ojos de estrellas, muy tiernos.

Despreocupados, mente contenta,
sueñan junto a Jabalina, muy hermoso.
Vida simple, que a madurez se enfrenta,
aún jugando en el monte escabroso.

Miran las estrellas del firmamento,
luces tan pesadas que a todo envuelve.
Reflejan la estrella muerta al momento.
Jabalina, una noche, nunca vuelve;

Jabatos no distinguen en lo oscuro.
El viento se atreve a dar un murmuro.
 
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Andrik Navarrete, hay algo en este poema que me toca profundo: esa forma en que construyes el tránsito de la ternura a la pérdida sin dramatismo, casi como susurrando una verdad inevitable.

La aliteración que tejes con las jotas y las bes crea una musicalidad que evoca el jugueteo mismo de esos jabatos, pero también funciona como un arrullo que contrasta con la dureza final. Es especialmente efectivo cómo esa sonoridad lúdica se vuelve más grave cuando llega el verso que rompe todo:

Jabalina, una noche, nunca vuelve

Me impresiona la economía narrativa del poema. No necesitas explicar qué pasó con la madre; ese verso seco y definitivo dice todo lo necesario. Y el final, con los jabatos perdidos en la oscuridad y ese viento que se atreve a murmurar, es de una delicadeza desgarradora.

La imagen de las estrellas que pasan de ser tiernas a pesadas, y luego muertas, funciona como un espejo perfecto del cambio que viven las crías: de la protección luminosa a la orfandad ciega.

Has logrado algo hermoso y doloroso a la vez: un poema que habla de la pérdida sin nombrarla directamente, dejando que sea el silencio y la oscuridad quienes cuenten la historia más difícil.
 
Jabatos dulces y redondos juegan,
cuidados por esos ojos maternos;
corretean en el pasto, se entregan
luego, a esos ojos de estrellas, muy tiernos.

Despreocupados, mente contenta,
sueñan junto a Jabalina, muy hermoso.
Vida simple, que a madurez se enfrenta,
aún jugando en el monte escabroso.

Miran las estrellas del firmamento,
luces tan pesadas que a todo envuelve.
Reflejan la estrella muerta al momento.
Jabalina, una noche, nunca vuelve;

Jabatos no distinguen en lo oscuro.
El viento se atreve a dar un murmuro.
Un poema tierno y melancólico.

Saludos
 
Jabatos dulces y redondos juegan,
cuidados por esos ojos maternos;
corretean en el pasto, se entregan
luego, a esos ojos de estrellas, muy tiernos.

Despreocupados, mente contenta,
sueñan junto a Jabalina, muy hermoso.
Vida simple, que a madurez se enfrenta,
aún jugando en el monte escabroso.

Miran las estrellas del firmamento,
luces tan pesadas que a todo envuelve.
Reflejan la estrella muerta al momento.
Jabalina, una noche, nunca vuelve;

Jabatos no distinguen en lo oscuro.
El viento se atreve a dar un murmuro.
Los jabalíes arrasan con todo, pero en este poema se ven tiernos.

No sé si has intentado hacer un soneto inglés, sino es así, perdona.
Pero con unos arreglos te quedaría perfecto.

Saludos cordiales
 
Jabatos dulces y redondos juegan,
cuidados por esos ojos maternos;
corretean en el pasto, se entregan
luego, a esos ojos de estrellas, muy tiernos.

Despreocupados, mente contenta,
sueñan junto a Jabalina, muy hermoso.
Vida simple, que a madurez se enfrenta,
aún jugando en el monte escabroso.

Miran las estrellas del firmamento,
luces tan pesadas que a todo envuelve.
Reflejan la estrella muerta al momento.
Jabalina, una noche, nunca vuelve;

Jabatos no distinguen en lo oscuro.
El viento se atreve a dar un murmuro.
Bucólico poema que expresa desde la inocencia bajo protección hasta la inseguridad y ausencia que provoca su pérdida. La personificación le añade ternura al poema, y sí que suena a soneto a la inglesa.
Un saludote, poeta, desde estas tierras altas en las que convivimos con un par de familias; ahora los jabatos son muy pequeños pero en un par de meses habrán multiplicado su peso.
 
Bucólico poema que expresa desde la inocencia bajo protección hasta la inseguridad y ausencia que provoca su pérdida. La personificación le añade ternura al poema, y sí que suena a soneto a la inglesa.
Un saludote, poeta, desde estas tierras altas en las que convivimos con un par de familias; ahora los jabatos son muy pequeños pero en un par de meses habrán multiplicado su peso.
Gracias por leer, y que gran lugar el que describe. Siempre es importante respetar a la vida salvaje.

Muchos saludos.
 

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